Pareciera como si la humanidad siempre deba tener una amenaza en su interior, algo que perturbe la existencia de grandes masas de personas alrededor del mundo. En los años ‘60 y ‘70 del siglo pasado el monstruo fue el comunismo, en los ‘80 lo fue el SIDA, en los ‘90 el narcotráfico, en el 2000 lo ha sido el terrorismo y aún persiste el narcotráfico. Siempre tenemos algo de qué preocuparnos. Aunque nada de esto implique el fin de la raza humana, los estragos que tales fenómenos producen son tan significativos que son percibidos como una amenaza a la paz y tranquilidad del mundo civilizado.

Hablar de terrorismo no es sencillo, es un tema con muchas aristas que tomar en cuenta, muchos datos rodando por doquier y jamás podemos olvidar que los mortales comunes y corrientes sólo sabemos lo que los gobiernos dejan saber a la prensa y ésta a sus lectores. Muchas informaciones claves de las actividades terroristas se mantienen como secretos de Estados por muchos años. Pareciera como si todos estuvieran implicados, los buenos y los malos, los de derecha e izquierda. Es decir, por más que intentemos y creamos estar al día de estos hechos, sus causas y consecuencias, debemos estar conscientes que sólo tenemos acceso a lo que los estamentos de poder nos permiten.

La primera dificultad es definir qué es terrorismo, y esto no es una cuestión simple como consultar Wikipedia, aunque así parezca. Generalmente se asume que terrorismo es la violencia practicada por grupos que tratan de conseguir por la fuerza, o por chantaje social y político que sus acciones ocasionan, su propio fin político o social. Una definición más acabada e internacionalmente aceptada de lo que constituye terrorismo lo define como el uso de la fuerza ilegal y la violencia por parte de un actor no estatal para lograr un objetivo político, económico, religioso o social por medio del temor, la coerción, la intimidación y la amenaza. Como podemos ver esta última definición reconoce que no sólo las acciones físicas implican actos de terrorismo, sino que también incluye como tal los impactos psicológicos de estas acciones. El miedo, por ejemplo, ha sido una de las herramientas más utilizadas a través de la historia por los entes de poder estatales, religiosos y otros, para imponer su dominación. Ya lo dijo Nicolás Maquiavelo, “al príncipe le conviene más ser temido que amado”.

Debemos observar que si la violencia se aplica a otro fin, como dinero, venganza o locura, estaríamos ante mafias o psicópatas, personas que matan sin criterio alguno, pero que no desean modificar un rumbo político ni social determinado ni acceder al poder mismo. Por tanto, sólo practican terrorismo los grupos que están fuera del poder y desean influir sobre éste por medio del terror. La violencia aplicada desde los Gobiernos entraría en otra consideración, lo cual no es nuestro objetivo.

El terrorismo ha estado entre nosotros desde tiempos inmemoriales, tiene una larga historia en los asuntos humanos. El mismo término “terrorisme” primero fue utilizado en Francia del siglo XVIII por el gobierno jacobino. El “Régimen del Terror” (“Règne de la Terreur”) de 1793 a 1794, se describe como el período de la “Revolución Francesa” cuando el gobierno revolucionario ejecutó a toda persona sospechosa de ser un enemigo de la Revolución. Ya en 1794 el “Tribunal Revolucionario” había ordenado la ejecución de más de 2.400 personas. El terrorismo fue, pues, deliberada y sistemáticamente organizado por el Estado para crear una sociedad mejor.

De acuerdo con innumerables cronistas históricos se asume que un importante detonante para el inicio de la “Primera Guerra Mundial” fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona Austro-Húngara, junto su esposa, la duquesa de Hohenberg, Sofía Chotek, en junio de 1914 en Sarajevo, capital de Bosnia, a manos de Gavrilo Princip, un joven nacionalista serbio que actuó por órdenes de “La Mano Negra”, una organización ya considerada como terrorista. Como olvidar los Juegos Olímpicos de 1972 en Múnich, Baviera, Alemania Occidental, cuando once miembros del equipo olímpico israelí fueron tomados rehenes y asesinados por un comando del grupo terrorista “Septiembre Negro”, una facción de la “Organización Para la Liberación de Palestina”, comandada por Yasir Arafat. Como es tampoco imposible olvidar las demás violentas correrías del mismo Arafat, muerto en 2004 en un hospital de París, que se cree fue envenenado por los servicios secretos de Israel. Podríamos escribir una enciclopedia narrando estos sucesos. Son innumerables. Sin embargo, el terrorismo de esos años podría ser considerado como “un juego de niños” si lo comparamos con lo que hemos presenciados en los últimos 15 años.

El 11 de septiembre del 2001 el mundo presenció un hecho que recordará por muchos años, el atentado a las “Torres Gemelas” del entorno del “World Trade Center” en Nueva York. Más de 3.000 muertos y más de 6.000 heridos convirtieron este hecho en el más sangriento atentado terrorista de toda la historia. A partir de aquí hubo un antes y un después en la lucha contra el terrorismo.

Si hubo derramamiento de sangre inocente en este atentado, y otros que se produjeron ese mismo día en aquel país, la que se derramó como consecuencia de éstos ha sido infinitamente mayor, si la brutalidad y osadía de Al Qaeda impresionaron al Mundo la repuesta sin piedad de los Estados Unidos fue aún mayor. Las consecuencias superaron con creces al hecho.

Las invasiones militares que Estados Unidos ejecutó en Afganistán e Irak para “combatir el terrorismo” han creado una desestabilización en todo Medio Oriente que se ha convertido en un perfecto caldo de cultivo para los grupos terroristas, que siempre estuvieron ahí, pero estaban bajo cierto “control” por gobernares tiranos de manos duras. Estos dictadores eran crueles en demasía, pero se ha hecho evidente que eran éstos quienes tenían la zona con cierto equilibrio. El poder estaba en pocas manos, pero ahora está en manos de muchos y todos quieren más. Han sido a grosso modo, claro está, estos los hechos que han generado la explosión del terrorismo que el mundo está padeciendo hoy día.

El tercer informe del “Índice Global de Terrorismo 2015” (“Global Terrorism Index 2015”) publicado por el “Instituto Para Economía y Paz” (“Institute for Economics and Peace”), un “think tank” sin fines de lucro con sede en Sídney, Australia, nos proporciona datos y estadísticas de los hechos de terrorismo de los últimos años, así como sus tendencias y perspectivas. El panorama descrito en este documento es desgarrador y sombrío, el sólo leerlo produce pena y miedo. Abarca 162 países para un 96% de la población mundial. Este informe fue publicado a fines del 2015 y sus datos se concentran en las actividades terroristas del año 2014. Como es de entender, los datos del 2015 no estarían disponibles hasta la segunda mitad de este año. Las cifras del terrorismo en el Mundo antes que mejorar, empeoran. Las estadísticas presentadas en elÍndice Global” muestran que el 2014 fue uno de los años más activos para los grupos terroristas.

A continuación, enumeramos algunos de los datos más significativos encontrados en dicho reporte:

  • En 2014 el número total de muertes por terrorismo aumentó en 80% en comparación con el año anterior. Este es el mayor incremento anual en los últimos 15 años.
  • Desde el comienzo del siglo XXI ha habido un alarmante sobre aumento de nueve veces en el número de muertes por terrorismo, pasando de 3.329 en 2000 a 32.658 en 2014.
  • En 2014 sólo cincos países, Iraq, Nigeria, Afganistán, Pakistán y Siria, aportaron el 78% de muertes y tuvieron en sus territorios el 57% de atentados terroristas de todo el Mundo.
  • La mayoría de las muertes por terrorismo en 2014 se produjo en tres países, Siria, Irak y Nigeria.
  • Aunque muy concentrado en esas naciones, el terrorismo se está extendiendo a otros lugares con una rapidez que espanta. Por ejemplo, el número de países que tienen más de 500 muertes por año, aumentó de cinco a 11 (120%) en los años 2013-14 Los seis nuevos miembros de esta lista, además de los cinco mencionados más arriba, son Somalia, Ucrania, Yemen, República Centroafricana, Sudán del Sur y Camerún.
  • Aunque la mayoría de los países del mundo no se registran actos de terror, el número total de naciones que experimentaron al menos una muerte aumentaron a ocho a 67 del 2013-14, representado un incremento exponencial. Este dato incluye a Estados con alto perfil de seguridad, como Austria, Australia, Bélgica, Canadá y Francia.
  • También es notable en los últimos años la mayor intensificación de la actividad terrorista en Nigeria, siendo esta la nación con mayor incremento en muertes por terrorismos jamás registrado por cualquier país, aumentando en más del 300%, a 7.512 muertes en 2014.
  • Boko Haram, que opera principalmente en Nigeria, se ha convertido en el más mortal grupo terrorista del mundo, superando, incluso, al Estado Islámico (ISIS). El Boko Haram comprometió su lealtad al ISIS en marzo de 2015. Además, hay otro grupo terrorista que tiene varios años también operando en Nigeria, los Militantes de Fulani, poco mencionado por la prensa occidental, que mató el 2013 a 73 personas, pero en 2014 se les atribuyen 1.229 muertes.
  • La sumatoria de víctimas fatales atribuidas al Boko Haram y al ISIS sumaron el 51% de las muertes por terrorismo a nivel global en 2014.
  • ISIS ocasiono más muertes en el campo de batalla que a través del terrorismo. Esta agrupación estuvo implicada en por lo menos 20.000 muertes por esta vía con otros combatientes estatales y no estatales.
  • El flujo de combatientes extranjeros hacia Irak y Siria continuó en 2014 y 2015. Las estimaciones actuales son que desde 2011 entre 25.000 y 30.000 combatientes, procedentes de 100 países diferentes, han llegado a Irak y Siria. El flujo de combatientes extranjeros es todavía alto con estimaciones que sugieren que más de 7.000 nuevos reclutas llegaron en el primer semestre de 2015. Esto pone de relieve que la atracción de estos grupos jihadistas sigue siendo fuerte. Europa aportó 21% de estos nuevos combatientes.
  • Las víctimas mortales por terrorismo en Occidentes on ínfimas en comparación con las ocurridas en África y Lejano y Medio Oriente. Exceptuando el atentado a las torres gemelas en Nueva York, sólo el 0.5% de todas las muertes ha ocurrido en los países occidentales en los últimos 15 años, e incluyendo estos atentados el índice se mantiene en sólo 2.6% en el mismo periodo.
  • En estos países occidentales los llamados “lobos solitarios” tienen un papel de primacía, siendo responsables del 70% de todas las muertes desde el año 2006. Un dato importante es que el fundamentalismo islámico no es el principal motivador para estos “lobos”, sino una mezcla de extremismo de derecha, nacionalismo, elementos antigubernamentales y otros tipos de política interna extrema en sus países de origen.
  • Los ataques terroristas contra objetivos y personalidades religiosas y devotos se redujeron en un 11% en 2014. Sin embargo, los ciudadanos privados son cada vez más el blanco de estos ataques. Las muertes de civiles que no están vinculados a religión alguna aumentó 172% entre 2013 y 2014 en todo el mundo.

Otro aporte importante que arroja el “Índice Global” es haber identificado dos factores que están estrechamente asociados con actividades terroristas: violencia política vinculada al Estado y la existencia de conflictos internos armados de amplia proporción, una guerra civil, por ejemplo. La investigación encontró que 92% de todos los ataques terroristas en los últimos 25 años se produjeron en países donde se presentan estas dos condiciones. El vínculo entre estos dos factores y el terrorismo es tan fuerte que se han producido menos de 0.6% de los ataques de terror en los países sin las condiciones mencionadas. Desplazamientos humanos generados por nacionales de Estados con esta vinculación han sido de tal proporción que Europa se enfrenta en estos momentos a mayor crisis de refugiados desde la “Segunda Guerra Mundial”. Diez de los 11 países con más de 500 muertes por terrorismo también tenían los niveles más altos de refugiados y de migración interna de personas en el Mundo. Sólo el conflicto sirio ha provocado cuatro millones de desplazados fuera de sus fronteras y otros siete millones internamente. Es decir, 11 millones de seres humanos se han convertido en refugiados externos e internos por la guerra civil de Siria.

Al analizar la correlación de terrorismo entre los países ricos y pobres diferentes factores resultaron ser de importancia. En los países ricos los factores socio-económicos como el desempleo juvenil, la confianza en la prensa, la fe en la democracia, actitudes hacia la inmigración y el narcotráfico son los factores más significativos para inducir al terrorismo. Esto pone de relieve los componentes que incitan a actuar a los llamados “lobos solitarios” en esas naciones.

En los menos ricos las condiciones más vinculadas al terrorismo son conflictos armados a través de la historia, especialmente de la historia reciente, conflictos armados internos en el país, la corrupción, un ambiente de negocios insostenible, que se traduce a su vez en incremento de pobreza, poco respeto por los derechos humanos, la inexistencia de políticas dirigidas a las libertades religiosas y de culto y una subyugación a alguna minoría.

Si está interesado en tener el informe completo de “Global Terrorism Index 2015” del “Institute for Economics and Peace”, aquí les dejamos el vínculo para descarga en PDF. (Sólo inglés) http://economicsandpeace.org/wp-content/uploads/2015/11/2015-Global-Terrorism-Index-Report.pdf

Como todo problema el terrorismo hay que verlo de la forma más objetiva y precisa posible, si no somos capaces de entender por qué ocurren los fenómenos que hemos señalado hasta aquí jamás podemos encontrar solución alguna a esta locura colectiva. Esto es especialmente válido para los líderes de las naciones que son víctimas de estas acciones. El terrorismo, pues, hay que entenderlo. Y entenderlo no significa necesariamente justificarlo. Está claro que un acto de terror es injustificable a la luz de, inclusive, una mínima razón, pero también es claro que el primer paso para erradicar las causas que lo generan es identificarlas y entenderlas.

Cada vez que presenciamos un acto de terror pensamos en quienes los perpetran como locos, desalmados, personas sin sentimientos, como animales irracionales. En realidad, y por extraño que parezca, esto no es necesariamente así. Presentar los terroristas como unos psicópatas que matan por matar, podría ser una imprecisión. Y decimos “podría” porque es posible que algunos se ajusten a ese perfil, pero no es la mayoría. Una persona demente no está en capacidad de distinguir el bien del mal, lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto ni siquiera desde su propia perspectiva, si es que acaso la tiene, y créame, los terroristas tienen muy claro estos conceptos, sólo que su código de ética es muy distinto al común denominador de la población mundial, y especialmente de los occidentales. Tengamos pendiente que la base conceptual de estos grupos descansa en un fundamentalismo religioso que ha sido mal utilizado y perversamente manipulado por los pequeños grupos que dirigen a los terroristas y, que por cierto, no son éstos pequeños grupos de dirigentes los que se inmolan en los atentados.

Ideologías religiosas, sentimientos nacionales ultrajados o mitificados, gritos desesperados de minorías subyugadas por largo tiempo son sólo algunas de las causas que terminan generando esos núcleos clandestinos que practican el terror. Además, normalmente estos grupos se adornan con ciertas ideologías, en muchos casos delirantes y poco racionales, por la que dicen luchar y alrededor de las cuales pueden agrupar minoritarios, y en algunos casos mayoritarios, apoyos, adhesiones y comprensiones.

Los llamados líderes mundiales saben muy bien que detrás de los actos terroristas existen unas causas profundamente arraigadas, pero si lo admiten tendrían que reconocer su propio papel en la creación de las condiciones políticas, económicas y sociales en las cuales pueden surgir estas organizaciones con un cierto apoyo social. ¿Cómo pedirle a Barack Obama que reconozca las implicaciones que han tenido las invasiones a Afganistán e Irak por parte de Estados Unidos en el incremento de las actividades de terror en todo el mundo? No me parece que lo haga nunca, no sería para él ni para ningún presidente norteamericano en los próximos 50 años políticamente correcto. Y, penosamente, lo “políticamente correcto” no pocas veces se antepone a todas las demás razones en este tema, incluso se antepone a la vida misma de ciudadanos inocentes.

Es perentorio conocer los motivos que abonan el interés de una persona a incorporarse a un grupo terrorista. Aunque no existe una solución sencilla a corto ni mediano plazo, actuando sobre esas motivaciones de manera adecuada podemos debilitarlas y menguar el apoyo social que sus acciones pueden tener sobre una población determinada. Los terroristas enarbolan unas causas, que sean correctas o no, criminales o no, aberrantes o no, de liberación de sus pueblos o de sólo beneficio de sus dirigentes, de la causa que fuere, éstas no justifican en lo absoluto el uso de la violencia, especialmente, el uso de la violencia contra civiles inocentes. Pero viendo el modus operandi, la determinación y el coraje que éstos exponen a cada momento, está claro que por la fuerza no se van a detener. Por cada uno de caiga habrá varios que están dispuesto a sustituirlo. La solución debe ser, pues, política. No hay otro medio. De lo contrario será mucha más la sangre que se va a derramar que la vertida hasta este momento.

Los países occidentales ganan en eficacia militar, muy especialmente la de Estados Unidos. No hay en el mundo una nación con semejante capacidad armada, todos le temen, incluso Rusia, con un presidente que ha demostrado en múltiples ocasiones que es un hombre de pocas palabras, pero mucha acción, es cuidadosa al momento de intentar desafiar al país norteamericano. Sin embargo, todo el poderío armado utilizado contra las organizaciones y Estados que se reputan practican, promueven y/o encubren el terrorismo, ha sido incapaz de menguar las actividades de estos grupos violentos. ¿Acaso es que no hemos entendido el mensaje? ¿Acaso creemos que por las miles de bombas que modernas aeronaves han dejado caer en Siria, Irak y Afganistán vamos a poner de rodillas a estos grupos? No lo creo, y aun sea posible desarticular, destruir o hacer inoperante a cualquier grupo de terror armado en particular, tendría poca importancia, los sucesos de los últimos años lo han demostrado. Cuando sacamos de circulación cualquiera de estas organizaciones siempre surge otra más sofisticada, organizada, poderosa y violenta. Es como si fuesen “virus inteligentes” que aprenden a acomodarse a los antibióticos y en vez de menguar sus efectos se vuelven más dañinos al organismo humano. Al Qaeda era lo más temido hace 10 años y gracias a las labores militares y de inteligencia de Estados Unidos y sus aliados es poco lo que queda de esa ella. Pero, ¿qué ganamos con esto? Poco o nada, ya que ahora tenemos que enfrentarnos con otra organización, que era un apéndice de aquella y que se ha autodenominando “Estado Islámico”. Ha sido tan desmedida violencia que este grupo ha exhibido que el mismo Al Qaeda se desvinculó de él por no apoyar sus métodos al considerarlos excesivos e inapropiados. Los métodos del ISIS deberían ser tema de otro análisis, no hay manera de compararlo con nada que se haya visto en los últimos siglos. La única posibilidad de equiparar sus métodos es afirmar que la Iglesia Católica ha encontrado, por fin, un emulador de sus métodos de la Santa Inquisición en la Edad Media. ¿No lo creen?

Las organizaciones de terror intentan de vender la idea de que su lucha es social, que buscan la libración de las influencias nocivas de occidente y la libre determinación de sus pueblos, que persiguen que desocupen tal o cual región, el respeto de una u otra minoría, entre otras razones. Llama la atención, por ejemplo, que ISIS dice perseguir esta “libre determinación de sus pueblos”, pero en las regiones que ellos controlan ejercen una tiranía a sangre y fuego. ¿Podemos hablar de autodeterminación en una dictadura?

Estas agrupaciones dicen que toman el camino del terrorismo porque es la última y única vía con la que cuentan para lograr sus “legítimos objetivos”. Sus armas preferidas son el terror y el miedo, sin la segunda la primera pierde cierto significado. Veamos porqué.

Diversas investigaciones han sacado a la luz que una de las cosas que más temen las organizaciones terroristas es que las poblaciones, especialmente las occidentales, les pierdan el miedo que por ellos sienten. Asustar es para ellos un placer, es uno de sus regocijos favoritos. Y en este contexto debemos reconocer que estos grupos matan por dos razones fundamentales, por un lado, para llamar la atención sobre sus causas y, por otro, para infundir temor.

Muchos de nosotros los occidentales hemos mirado hacia los problemas de los países que albergan estos grupos, no por las invasiones militares, no por el hambre que siempre ha estado presente en África y que sólo recordábamos cuando algunas muy bien alimentadas estrellas de la música pop cantaban en algún cómodo y aclimatado estudio de Norteamérica los angelicales versos de “Somos el mundo / Somos los niños / Somos los que hacemos un día más brillante”. No es esto lo que ha puesto las interioridades y precariedades de esos Estados en la pantalla de CNN y en las primeras planas del New York Times, ha sido la orgia de sangre que éstas violentas asociaciones están derramado cada día alrededor del Mundo. Son las malas noticias las que venden.

Y aquí entra escena “el miedo” Esto del miedo podemos llamarlo un “proceso logístico”. Los grupos de terror exigen concesiones civiles y políticas que los entes de poder, por cualquier motivo, no les conceden. Por lo tanto, usan la violencia y ésta crea temor en las sociedades en las cuales la ejercen. ¿Qué es lo más preciado que tenemos los seres humanos? ¿Acaso no es la vida misma? ¿Qué tan angustiado estaríamos al sentir nuestra vida en peligro al hacer algo tan sencillo como tomar un metro o tomar un café una tarde cualquiera en cualquier ciudad? ¿Cómo se sentiría usted? Pero, ¿por qué este temor se expande por todos lugares como un fantasma? ¿Por qué este temor no se limita a las zonas y a las personas que tuvieron las desgracia de estar en el lugar e instante equivocado? La respuesta es simple: por la difusión de los medios de comunicación hacen de éstos.

Los grupos terroristas saben que su potencial de destrucción es limitado. Nunca podrían enfrentarse abiertamente y/o por largo plazo a los ejércitos nacionales. Por eso buscan las acciones espectaculares que obtengan relevancia en los medios de comunicación. Es esta exposición reiterada y masiva por los medios de comunicación que les informan a las grandes masas sociales lo que estos grupos son capaces de hacer si no consiguen sus objetivos lo que permite que se cumpla el proceso de convertir en pánico un hecho violento. De esta manera tenemos que asumir que en este contexto el terrorismo se vale de la presa para conseguir, al menos, algunos de sus objetivos convirtiendo la prensa en una importante aliada, naturalmente, sin ésta quererlo, sin buscarlo. El fin, el objeto último por el cual la prensa existe es la información, informar es su sagrado deber y la población está en el derecho de saber. ¿Qué hacer, pues? En este punto, creo que nada. Pero imaginemos por un instante, solo por un instante, un universo mágico, y por lo tanto irreal, como de esos que crea Tim Burton en sus maravillosas películas, donde la prensa decida de un día a otro y de manera absoluta no difundir ningún acto de terror, ningún comunicando ni noticia alguna de estos grupos. Nada, por simple o grave que sea. Estamos hablando de dejar de difundir en lo absoluto todas sus actividades. ¿Tendrían los terroristas el mismo entusiasmo para matar personas inocentes? Si sólo generarían temor a las personas que ha vivido el suceso, es decir una ínfima parte de la población, ¿tendría para ellos el mismo sentido continuar con estos métodos? Recordemos que de esta forma les estamos quitando de sus manos una de las armas más preciadas para ellos, estaríamos restándoles un tremendo efecto a sus virulentas acciones. Esto, lo repito, es sólo un universo imaginario.

En las actuales condiciones el temor tiene otra importante connotación sobre los grupos sociales que lo padecen. Una de estas es que una población sometida a la violencia y el subsecuente pánico por los motivos que las organizaciones terroristas dicen que actúan, a saber, “hacemos lo que hacemos en su país porque su Gobierno está matando a nuestros ciudadanos y ejercen una inaceptable injerencia en nuestro país”. Esto paulatinamente va generando en la población atemorizada un rechazo a las políticas exteriores de sus autoridades. ¿Cómo funciona esto en el ciudadano común y corriente, en la mayoría? Simple: “Los terroristas ponen bombas en el metro de mi ciudad porque mi Gobierno comete injerencia en alguna otra nación a miles de kilómetros de aquí; pero si mi Gobierno no hubiera cometido tal injerencia entonces los terroristas no hubieran puesto las bombas, por lo tanto, no apoyo la política exterior de mis autoridades y exijo que cesen las injerencias en países extranjeros”. A esto se llamaría “el sentido común aplicado a la supervivencia misma”.

Poco después de los atentados a las “Torres Gemelas” en Nueva York, más del 60% de la población apoyaba los métodos de su nación contra los terroristas, incluidas las invasiones. De hecho, fue este apoyo lo que le facilitó a George Bush conseguir una fácil reelección como presidente. Sin embargo, hoy día esta sociedad no está tan segura de apoyar sus políticas injerencistas alrededor del mundo, la población norteamericana parece estar cansada de que sus Gobiernos asuman que Estados Unidos es “el país indispensable” en esta Tierra, tal y como dijera el presidente Ronald Reagan.

A pesar de toda la sangre inocente derramada en estos últimos 20 años de terror algo ha quedado claro: el terrorismo no suele conseguir sus fines. Hasta este día no hay un solo gran objetivo que estos grupos hayan obtenido. Es muy difícil que logren conectar alrededor de sus ideas radicales a un número suficientes de personas como para producir cambios políticos sustanciales. Frente a las democracias se muestran totalmente estériles, además de criminales y crueles.

De igual manera, no es posible argumentar que simplemente por el hecho y la condición natural o circunstancial de que persona o un grupo sea más débil y vulnerable que otra tenga el derecho y el deber de destruirle para erradicar el poder y la sumisión que éste pudiere ejercer sobre ella en algún momento determinado. Esa es una de las tesis de los movimientos religiosos más radicales y fundamentalistas que creen que les da derecho a atentar contra la vida de personas inocentes pertenecientes (y soló por ese hecho) a otro tipo de ideología o circunstancia distinta a la suya.

Michael Walzer (81), uno de los expertos en filosofía política más importantes de Estados Unidos en la actualidad, ha expresado que el terrorismo “es una práctica indefendible” al ser ésta dirigida indiscriminadamente contra una ciudadanía o grupo social en particular, con el crudo objetivo de “matar a unas personas para aterrorizar a otras”. Él menciona tres características claves para entender el carácter del terrorismo. Estas son su carácter aleatorio, degradante y atemorizador. Da por supuesto el principio según el cual cualquier acción terrorista es un acto injusto; pero, “la injusticia de las excusas, sin embargo, no puede darse por supuesta, hay que argumentarla”.

Las posibles excusas que utilizan estos grupos, según Walzer, para intentar justificar sus acciones son las siguientes:

  • Es el último recurso que se opta cuando ya han fracasado todos los demás.
  • Es aplicable a los movimientos de liberación nacional que luchan contra los Estados poderosos y establecidos.
  • Sólo el terrorismo, y nada más que éste, funciona logrando fines en favor de los oprimidos sin la participación de ellos mismos.
  • El terrorismo es el recurso universal, la acción política sólo funciona generando temor en hombres y mujeres inocentes.

Al final de exponer lo que para Walzer son las cuatro excusas más comunes del terrorismo, llega a la conclusión que “ninguna de las cuatro sirve”. El autor se pregunta “¿por qué hablar de excusas del terrorismo si este último no es ni siquiera una práctica aceptable ni legítimamente constituida para conseguir y justificar movimientos de liberación nacional, por ejemplo?”

En el punto en que nos encontramos la pregunta es ¿cómo podemos combatir el terrorismo? Después de los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos se desató una batida sin precedentes en la historia de ese país, la lucha fue tanto en su suelo como fuera de éste. Cacerías humanas a todo aquel que pareciera sospechoso de estar vinculado con grupos extremistas, invasiones militares a naciones del medio oriente, se enviaron a Guantánamo miles de ciudadanos de esos países porque alguien asumía que eran sospechosos colaborar con Al Qaeda, se presionan gobiernos extranjeros a que colaboren contra la lucha contra el terrorismo, se han vulnerado las garanticas individuales de los ciudadanos, en fin, la lista es larga, pesada y de mal gusto. ¿Qué se ha conseguido? Creo que poco. En estos momentos el presidente Barack Obama está impulsando cambios de su Gobierno hacia Cuba, incluyendo la suspensión del embargo económico a la isla que tiene ya cinco décadas de establecido. El principal argumento que este dignatario esgrime es que con 50 años en ejecución este modelo de política exterior no ha conseguido los objetivos por lo que fue instaurado. Aunque él nunca menciona por su nombre este objetivo, todos sabemos que se refiere a terminar con la dinastía de los Castro. Confiemos en que no será necesario que pasen otros 50 años para que las potencias del mundo se den cuenta que el modelo de la lucha contra el terrorismo no funciona y se aboquen a emplear otros métodos de combatirlo. De no ser así, podemos esperar más décadas de derramamiento de sangre de ciudadanos inocente.

 

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