La homosexualidad siempre ha estado entre nosotros desde que el hombre es hombre, y aun antes de que fuéramos hombres. Se ha encontrado este comportamiento en algunas especies de monos que comparte el 98% de su ADN con el humano, por ejemplo, el bonobo (una especie de chimpancé). Se observa comportamiento homosexual en leones, patos, perros, sólo para mencionar algunos animales más.

Las crónicas literarias e históricas siempre nos han referido la tolerancia de los homosexuales en sociedades antiguas en las cuales estos eran visto como ciudadanos respetables sin dificultad alguna. No podemos obviar los perfiles de grandes personajes que tuvieron relaciones sentimentales con personas de su mismo sexo y que estas relaciones eran de conocimiento público. Alejandro Magno, Julio Cesar, Marco Antonio, Nerón, Adriano, entre muchos otros. Éste último, emperador romano, ordenó erigir un busto en mármol, que se conserva en el Museo del Louvre, de un amante suyo que murió a destiempo, Antínoo. Claro, una vez homosexualidad fue satanizada se abrió la puerta del clóset y todos tuvieron que esconderse, y hasta ahora hay más homosexuales escondidos dentro de éste que afuera.

Fue en la Edad Media cuando se inicia la persecución de la homosexualidad con apoyado de la Iglesia Católica. En 1307 el rey Felipe IV, de Francia, lanzó acusaciones de homosexualidad y herejía contra la orden de los templarios como pretexto para disolverla. Casualmente este monarca tenía a la sazón grandes deudas económicas con los caballeros templarios, pero encontró con esta acusación una rápida solución a sus problemas con sus acreedores. Los datos históricos relatan que los acusados de prácticas de sodomía eran condenamos a morir en la hoguera, algunos fueron sentenciados a una muerte lenta, para lo cual envolvían sus cuerpos en hojas de hinojo para retardar su agonía entre las llamas.

Los avances en los derechos de igualdad de los LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales) han sido significativos en los últimos años. No hará una década cuando eran impensables los avances de los derechos que estas minorías tendrían en este 2016. Irlanda, con una probación eminentemente católica, ha sido el primer país del mundo en dar su apoyo al matrimonio igualitario a través del voto popular cuando el referéndum celebrado el pasado año respondió con un sonoro Sí (62%), el Tribunal Supremo de México estableció el derecho al matrimonio para todo el país, el Tribunal Supremo de Estados Unidos se ha declarado en favor sobre la igualdad en el matrimonio, son sólo algunos episodios de carácter legal en favor del matrimonio igualitario, los avances en una opinión pública favorable han sido aún más significativos. Estos hechos apuntan un impulso que aleja a estas sociedades de la discriminación y las acerca a la igualdad.

Sin embargo, no todos los países han tenido igual suerte. Por ejemplo, en República Dominicana pereciera como si estuviéramos saliendo de la Edad Media. En noviembre del 2013, James W. Brewster Cedeño inició sus funciones como embajador de los Estados Unidos en este país. El señor es un homosexual que no esconde para nada su inclinación, esposo Bob J. Satawake, es un prominente activista los derechos de los LGBTI en su país por más de 30 años, ha sido un importante recaudador de fondos de las campañas del presidente Barack Obama y se dice que amigo personal de éste.

Una vez que el presidente Obama confirmó a Brewster iniciaron los ataques en su contra, es decir, antes de su llegada al país. Y aún no se detiene, antes que esto se incrementan.

Es evidente que Brewster tiene entre sus prioridades promover los derechos LGTBI en este país desde el momento mismo que puso pies en este suelo. Sus detractores hablan hasta la saciedad de una “agenda gay” del embajador, pero esta “agenda” no es de él, es del mismo presidente Obama, esto ha sido parte de sus prioridades de sus dos períodos de gobierno, simplemente porque Barack Obama cree en esta igualdad de derechos, el embajador sólo ejecuta los lineamientos de la Casa Blanca. ¿Qué lo hace con entusiasmo y placer? Claro que sí, también es su casusa.

Las acusaciones contra Brewster han sido de todo tipo, género, color. Me he quedado anonadado al descubrir que en mi país tangamos tantos defensores de nuestra soberanía, de nuestras buenas costumbres, de nuestra estructura matrimonial y familiar, que tengamos tantos hombres y mujeres de bien que estén dispuestos a entregar su propia vida por defender la moralidad del pueblo dominicano. Pero estas defensas son cuidadosamente selectivas, quizás sea más honesto decir, maliciosamente selectivas.

Al señor embajador se le ha reprochado que viola diariamente nuestra Constitución, que quiere “homosexualizar” (término que he escuchado a un pastor dominicano) la sociedad dominicana, que su plan es destruir nuestro modelo de familia, que trata el país como un protectorado de su Gobierno como si él mismo fuese su administrador, que es un mal ejemplo para nuestro niños y etcétera, etcétera y etcétera. Las criticas provienen de sectores conservadores, casi todas las iglesias, políticos, sindicatos y, sobre todo, comunicadores de todo calibre y especie.

Lo primero que me llama la atención es el tema de la violación a la Constitución y las Leyes. Sustentan esta observación en que él irrespeta nuestra Carta Magna porque en ésta el único régimen matrimonial que se contempla es el de un hombre y una mujer, lo cual es cierto, y que toda promoción o intento de establecer un régimen de matrimonio igualitario es violatorio de aquella. Las constituciones están, y deben estar, al servicio de sus sociedades, no las sociedades al servicio de las constituciones. Es por ello que cada vez que se identifica la necesidad de modificarlas se modifican. Imagínense ustedes que aún en República Dominicana estuviera vigente la Constitución de noviembre del 1844, ¿creen que sería prudente? Yo opino que no. Para ejemplo de esto sólo tomemos en cuenta la modificación constitucional que vivimos los dominicanos el pasado año sólo para permitir una postulación consecutiva a la presidencia de la Republica del presidente de turno, Danilo Medina. Esta se hizo posible en un tiempo record, en 72 horas los señores legisladores nos regalaron a los dominicanos una nueva Constitución. El argumento rabiosamente esgrimido para esta modificación era “que la misma sociedad estaba pidiendo que Medina fuera candidato una vez más”. Es decir, los defensores de esta modificación entendieron que la Constitución debía estar al servicio de ese deseo del pueblo que ellos fueron capaces de identificar y posteriormente satisfacer. Entonces, ¿es ilegal promover el matrimonio igualitario porque no lo contemple la Carta Magna? Si promover e incentivar algo que la Constitución no permite, ¿quiere decir que Medina y su equipo violaba ésta cuando promovía una postulación que estaba prohibida? ¿Por qué si modificamos la Constitución para favorecer a un solo hombre no es posible hacerlo para otorgar un derecho a una minoría?

La familia tradicional (un padre, una madre y los hijos de ambos) ha sido el modelo familiar que hasta estos días ha prevalecido en la mayoría de las sociedades. Ahora bien, la existencia y la permisibilidad de matrimonios y familias homoparentales no atenta contra la supervivencia del matrimonio y la familia tradicional. Ambos modelos pueden perfectamente coexistir en cualquier sociedad, simplemente el matrimonio igualitario viene a satisfacer un deseo y un derecho de una minoría poblacional que ha decidido inclinar sus preferencias sexuales por personas de su mismo sexo. Para que esto sea una amenaza para la sociedad y la supervivencia de la humanidad misma, tendrían que volverse homosexuales todos los ciudadanos del mundo, detenerse la procreación. Asumo que esto es inverosímil y no hay que preocuparse por ello.

Constantemente escucho a comentaristas de radio y TV decir “que respetan y apoyan a los homosexuales y que jamás estarían de acuerdo con que se les vulneren sus derechos, pero que sus relaciones deben mantenerlas en la intimidad, como ha sido siempre, que no hay necesidad de exhibir este comportamiento, que no apoyan el matrimonio igualitario y mucho menos la adopción de niños por parejas homoparentales”. En el popular programa radial “El Gobierno de la Mañana” mantienen de manera reiterada esta posición, a la cabeza de ellos el ilustrado más vulgar que jamás he escuchado, el Sr. Álvaro Arvelo.

A ver cómo podríamos entender esta extraña posición. Una pareja heterosexual tiene todo el derecho a exhibir y gritar su relación sentimental a los cuatro vientos, pero una homosexual tiene que tener su relación a escondida para no dar un mal ejemplo; una pareja heterosexual tiene las posibilidades de casarse y con esto proteger bajo un sistema de seguridad social y seguro médico público o privado las necesidades médicas de sus parejas e hijos, puede igualmente hacer a su pareja beneficiaria de un régimen de herencia al momento de la muerte de algunos de los conyugues, una pareja homosexual no puede hacer nada de esto porque la Constitución no le permite casarse. Es evidente, pues, que sin matrimonio igualitario los LGBTI nunca podrán acceder a ciertos derechos básicos a los cuales todo ciudadano debería tener acceso.

Debemos poner especial atención al punto más delicado de estos: la adopción de niños. Independientemente de nuestras opiniones sobre el tema es perentorio poner énfasis en la protección de nuestros niños, niñas y adolescentes. Imagino que en el caso de la República Dominicana debe ser un infierno social para cualquier niño ser hijo legal y convivir con padres homoparentales, esto por los cuestionamientos, burlas y humillaciones que seguro se vería sometido por el medio social en cual vive. Pero si vemos el problema con objetividad y honestidad tememos que admitir que este infierno no tiene que estar dentro de su círculo familiar propiamente dicho, sino en el social. Si este último asume como normal que un niño tenga padres homoparentales, si asume como bueno y válido esta unión es seguro que nadie se burlaría de este chico. La “desgracia” de los hijos de este régimen matrimonial no está, pues, necesariamente en su familia, sino en una sociedad intolerante e injusta. No hay que temer un doctorado en alguna ciencia de la conducta humana de Yale para entender esta problemática, sólo hay que tener empatía por personas que deciden tener preferencias y tomar un camino diferente al de la mayoría.

Por otra parte, aquellos que dicen que los homosexuales no pueden adoptar niños deben primero decirles a los heterosexuales que no tengan los hijos que no quieren, que sean prudentes y se protejan al momento tener relaciones íntimas. El primer paso para una adopción es que unos padres traigan a este mundo un hijo que no quieren o, también, no pueden criar.

Uno de los valores más significativo de una democracia es la libertad de expresión, que cada cual defienda sus ideas y respete las ajenas, aun no las comparta. Las ideas de “los moralistas selectivos” de mi país las respeto, pero mi inteligencia no me permite compartirlas. Ahora bien, una cosa es defender tus opiniones y otra muy distinta es manipular a través de tu opinión. Eso es inadmisible, especialmente cuando se hace a través de los medios de comunicación masiva.

He escuchado a comentarista como el reverendo Carlos Peña en el “Gobierno de la Mañana” y a la ex activista de izquierda Consuelo Despradel, en “El Gobierno de la Tarde”, otro programa de la misma emisora radial, Z101, decir que “los LGBTI hoy están exigiendo que se permita el matrimonio igualitario, pero que mañana podrían exigir poder tener libremente relaciones sexuales con niños y con animales”. Quienes opinen esto lo hace sólo por dos causas. Primero porque son auténticos oligofrénicos mentales, segundo porque son manipuladores. En el caso de estos dos comentaristas se aplica, sin duda alguna, el segundo, son terriblemente manipuladores.

Asemejar la tolerancia de la homosexualidad con la tolerancia de la pedofilia es una locura. Hay una condición, sin excepción, que debe estar siempre presente en quienes participan de cualquier acto sexual: se debe ser parte de éste sí y sólo sí se acude a él sin la más mínima coerción, a saber, sin coerción por fuerza física ni presión psicológica. Si esta condición se rompe la relación no de ser. Si volvemos a la historia podremos comprobar que algunas sociedades antiguas aceptaban en alguna manera la pedofilia. Por ejemplo, el amante del emperador Adriano, Antínoo, era menor de edad. Con el devenir de los tiempos esta escasa tolerancia a la pedofilia ha ido desapareciendo y hoy lugares como Pakistán, Nepal, Mali, entre otros, donde es común el matrimonio de niñas con hombres adultos es severamente condenado por sociedades ajenas a ellos. Podemos, pues, ver la tendencia en la percepción que se tiene de una y otra práctica: mientras la pedofilia es severamente sancionada cada día más la homosexualidad es cada día más tolerada.

En ese mismo orden también se ha querido expandir la idea de que los homosexuales son proclives a la pedofilia. Esto es otra vulgar e injusta manipulación. Si vemos las estadísticas de los pedófilos descubiertos comprobaremos que la mayoría de éstos no son homosexuales, son heterosexuales. Esto no significa que aquellos sean más perversos que éstos, nada de eso. Que una persona sea heterosexual u homosexual no habla nada de la posible perversidad o aberración de esa persona, los heterosexuales tienen mayor índice de pedofilia simplemente porque son una población más alta que los homosexuales.

Se dice que embajador que es arrogante en sus posiciones, pero su actitud no es tal, es determinación. Debemos tomar en cuenta que ningún prejuicio que haya estado tan arraigado en las bases de sociedad alguna jamás ha sido superado con posiciones tímidas y temerosas, siempre ha sido necesario enfrentarlo con una determinación que se equipare con las fuerzas que exhiben quienes intentan mantener el statu quo. No hay otra manera.

Se le critica igualmente que se exhiba de manera regular en compañía de su esposo, Bob J. Satawake, parece como si sus detractores pretendieran que la residencia del embajador se convierta en un convento de clausura para éste, donde debe permanecer escondido como algo que se guarda con vergüenza. Además, la lucha de esta pareja es por igualad de derechos, inhibirse a tener una vida pública como la tienen las parejas heterosexuales sería dar la razón a sus detractores. Y en este orden la gota que ha derramado la copa de la intolerancia e insensatez de los “moralistas selectivos” dominicanos ha sido una visita que hicieron los Brewster a una escuela privada de la ciudad de Santiago, segunda capital de la Republica. En los medios dominicanos ha circulado una foto de ellos y algunos profesores sentados en frente de un grupo de alumnos. A partir de este momento pareciera como si se hubieran abierto las puertas del Infierno, como si esta pareja de norteamericanos fueran dos jinetes del Apocalipsis, como si Brewster fuera el Anticristo que algunos religiosos están esperando. Esto ha sido una verdadera comedia del peor de lo gustos. Todos los detractores de la tolerancia hacia los LGTBI han hecho sentir su voz. Y de qué manera.

El reverendo dominicano Fidel Lorenzo, presidente del Consejo Dominicano de la Unidad Evangélica (CODUE), una “organización religiosa que agrupa la más amplia gama de iglesias y organizaciones cristianas evangélicas de la República Dominicana”, según lo indica en su página web, hace poco dijo que el embajador lo que busca es homoxesualizar (he consultado diversos medios de la Real Academia de la Lengua y este término no aparece) la sociedad dominicana, que “su intención es corromper la niñez dominicana exhibiendo un comportamiento incompatible con los valores religiosos de este pueblo”. Tengo la impresión, y sin ánimo de ofender, que este reverendo ha vivido los últimos 30 años de su vida en Mordor, aquella tierra imaginaria del Señor de los Anillos, y esto le ha hecho perder contacto con el mundo real y, hermano Fidel, le tengo malas noticias para usted: los religiosos de hoy no pueden pretender que los cánones morales y éticos impuestos por sus doctrinas pueden continuar decidiendo sobre la vida y la muerte de los ciudadanos de ninguna sociedad, no pueden decidir con quién una persona decide unir su vida y tratar de ser feliz y, sobre todo, no pueden imponer sus cánones a quien no quiera asumirlo. Eso, señores, funcionó en la Edad Media, pero ya no más. Y entienda, reverendo, que lo que el embajador busca es igualdad de derecho. ¡Igualdad! ¿Sabe usted, Fidel Lorenzo, lo que eso significa?

Otro gran entusiasta detractor del embajador es el Dr. Vinicio Castillo Semán, diputado de la Republica, candidato a senador por un partido minoritarito Fuerza Nacional Progresista (FNP), que es controlado por su familia, que a la vez es una de las más importante e influyente familia de abogados y políticos, es una de las figuras publicas dominicanas más activas en Twitter.

El Dr. Castillo he repetido hasta la saciedad que el embajador Brewster “atenta contra la Soberanía de República con su comportamiento, buscando instaurar en el país el matrimonio entre personas del mismo sexo”. No he podido encontrar vinculación alguna entre la tolerancia a los derechos sexuales de las minorías y la Soberanía Nacional. No hay manera alguna de vincular esto simplemente porque nuestra Soberanía, ni la de ningún otro país, no descansa en la cama de nadie, no duerme bajo las sábanas de nadie.

La pasada semana la Conferencia del Episcopado Dominicano publicó una carta pastoral donde expresan su gran preocupación por las acciones del embajador Brewster. Dicen, entre otras cosas que rechazan “el abuso de poder en su modo de actuar, que es contrario a sus competencias como embajador y, como hemos dicho ya, viola las leyes internas del país y las leyes internacionales de la diplomacia”. Agregan que Brewster “se acerca a la niñez dominicana en escuelas públicas y privadas, en torneos deportivos y otras actividades juveniles e infantiles exhibiendo a Bob Satawake como su esposo”. Pero estos fueron los mismos obispos guardaron un vergonzoso silencio en el caso de pedofilia de ex nuncio Józef Wesołowski, pederasta y homosexual que utilizaba su investidura eclesiástica y diplomática para agenciarse favores sexuales de subalternos y de menores de edad a cambio de dinero. Son los mismo que guardaron silencio frente al caso de abuso sexual del sacerdote católico Wojcierch (Alberto) Gil, en Jarabacoa, que ha sido acusado de tener relaciones íntimas con varias menores de edad y el Ministerio Público ha archivado el caso. Esto respetables obispos se quedaron callados frente a estos casos. Pero un embajador de Estados Unidos da soporte para la creación de una Cámara de Comercio LGTB y todos hacen una crisis de moralidad. Claro, una moralidad selectiva.

El Estado Dominicano tiene gravísimas asignaturas pendientes de largo tiempo, deudas sociales que los distintos Gobiernos que han manejado la cosa pública no han sido capaz de resolver en más de 170 años de historia republicana. Tenemos graves deficiencias en servicio de salud, un sistema de pensión que es una vergüenza donde la banca obtiene beneficios de un 30% sobre los depósitos de los ahorrantes cuando en América Latina la media está por debajo del 7%, un sistema educativo donde sus alumnos obtienen una de las perores clasificaciones de la región y donde los profesores de las matemáticas, para dar sólo un ejemplo, reprueban pruebas propias de su oficio en más de un 60%, según estadísticas del propio Ministerio de Educación, tenemos una delincuencia que cada día más terribles donde a cualquier dominicano lo matan por un simple teléfono inteligente. Podemos continuar con esta depresiva lista, pero dejémoslo aquí. Pero los defensores de la Patria lo que más le preocupa en estos días son los derechos LGTBI.

Ser homosexual sólo indica eso, que tienes preferencias sexuales por personas de tu mismo sexo. Simplemente es un rasgo más de lo que eres como ser humano, tales como que eres ciudadano del mundo, tienes una nacionalidad, eres hombre o mujer, tienes un padre y una madre, te gusta el arroz blanco, las habichuelas rojas y te gustan y amas las personas de tu mismo sexo. Ninguna persona debe ser discriminada o limitársele sus derechos por el sexo, etnia, color de su piel, posición económica, orientación religiosa o preferencia sexual. Basta de esto.

Un comentario en “La Gente Vs. James W. Brewster

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s