A pesar de que los debates de candidatos presidenciales son cada vez más regulares en algunos países de América Latina, en República Dominicana aún no han sido posible instaurarlos. Siempre hay candidatos que están dispuesto a exponerse a ellos, pero también siempre hay alguno que huye de éstos.

La teoría de debates presidenciales en las campañas electorales es toda una disciplina mediática donde políticos, abogados, sociólogos, periodista, médicos, empresarios, colmaderos, en fin, todo el público en general tiene sus propias teorías. La mayoría defiende la necesidad y pertinencia de éstos y unos pocos se inclinan a restarle importancia. En cada proceso electoral hay candidatos que lo piden a rabiar y otros que no se animan. Lo común en nuestro país, y en gran parte de América Latina, es que el aspirante que esté puntero en las encuestas sea el que se niega su participación, entiende como un riesgo innecesario exponerse dos horas a un careo con otros contrincantes a fin de exponer y defender sus programas de un posible gobierno.

 

En República Dominicana estamos a un mes de las “Elecciones Generales 2016” y como es costumbre muchos son los que vuelven a sugerir, como cada cuatro años, la celebración de debates públicos de los candidatos a los principales cargos electivos. Demandantes a puestos de alcaldes, diputados, senadores y, por supuesto a la presidencia de la república, son los llamados a batirse en “la arena del debate”. Las voces a favor y en contra una vez más se enfrenan, cada una con sus argumentos.

 

Tenemos ahora mismo ocho aspirantes a la primera magistratura del Estado, a saber, Danilo Medina Sánchez, por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y aliados; Luis Abinader Corona, por el Partido Revolucionario Moderno (PRM); Guillermo Moreno, por el Partido Alianza País (AlPaís); Minou Tavárez Mirabal, por el Partido Alianza por la Democracia (APD); Pelegrín Castillo Semán, por la Fuerza Nacional Progresista (FNP); Hatuey De Camps Jiménez por el Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD); Elías Wessin Chávez por el Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano (PQDC) y Flor Soraya Aquino por el Partido Unidad Nacional (PUN). Seis hombres y dos mujeres se medirán en las urnas el próximo 15 de mayo, siendo esta la primera vez que mujer alguna se presentan como candidatas a esta posición en el país, y son dos las candidatas. Siete de ellos dicen estar dispuesto acudir a un debate, el señor Abinader lo pide con insistencia, y uno dice que no acudirá a debate alguno, ese es Danilo Medina.

 

Medina es un presidente de poco hablar con los medios de comunicación, sus ruedas de prensa e improvisadas entrevistas en pasillo de Palacio Nacional o alguna actividad fuera de allí son verdaderos acontecimientos mediáticos. Para comunicarse con sus gobernados tiene un equipo de ministros, dirigentes políticos y, sobre todo, periodistas, muchos periodistas, que se encargan de decir lo que deben decir, a saber, lo que él y sus estrategas quieren que digan. Podríamos afirmar que con semejante plataforma de comunicación se hace casi innecesario que el presidente se dirija personalmente a sus ciudadanos. Es este el equipo de trabajo político del candidato oficialista que se ha encargado de esgrimir una serie de consideraciones a fin de justificar la negativa de su jefe a participar en debates frente a sus oponentes. Se ha dicho que, por ejemplo, que su principal opositor, Luis Abinader, es un candidato sin propuestas, que su campaña se basa en mentiras, que ha sido irrespetuoso a la figura presidencial, que no tiene argumentos sólidos que debatir, en fin, una serie de alegatos baladíes que resultan imposible de sustentar. A los demás candidatos ni siquiera se animan a responder a sus demandas.

 

Es absolutamente falso que Abinader no tenga propuestas, las tiene y muchas, y a cada momento las expone en la medida en que su auditorio y circunstancias se lo permiten. Sin embargo, este candidato podría hacer una enciclopedia de propuestas y proyectos nacionales y el equipo del PLD mantendrá su discurso de que la oposición no las tiene. Juegan, evidentemente, a que una mentira repetida infinidad de veces se convierta en una verdad, aunque claro, una vedad sólo en apariencias. Es lo mismo que decir que su campaña se basa en mentiras, cuando lo que suele denunciar de casos excesivos, inconductas o evidente corrupción de los actores del gobierno lo hace con datos que se encuentran en las páginas webs de las instituciones estatales y/o en cualquier medio de comunicación. Simplemente lo que este candidato hace es hacerse eco de los datos e informaciones que están al alcance de toda la ciudadanía.

 

Decir que Abinader ha irrespetado a la figura presidencial es una maliciosa manipulación, a fin de crear en los votantes una falsa imagen de su persona como político irreverente. Por lo regular sigo las declaraciones de éste, y de todos los candidatos, y no he encontrado en él, y por cierto ni en ningún otro candidato a la presidencia, términos que puedan reputarse como irrespeto hacia el presidente Medina. Evidentemente, estamos en campaña, tiempos donde es necesario sacar a relucir las debilidades del contrincante y no siempre se regalan flores, hay veces que son verdaderas piedras verbales las que vuelan por los aires. Pero si ha habido irrespetos en este proceso electoral han sido hacia el señor Abinader. Hace pocos días que un reputado periodista y funcionario del gobierno en el área diplomática, Cesar Medina, publicó en un importante diario dominicano un artículo donde insinuaba que se estaba viendo la posibilidad de que Luis Abinader se retirará de la campaña electoral por los resultados de las encuetas que se estaban publicando. Cuando la prensa le pregunta al candidato que opinaba de la publicación del periodista Medina, éste expresó que esa era la opinión de un diplomático que no trabajaba y que sin embargo “cobra más que el presidente Barack Obama”. Todo indica que el periodista montó en cólera y dos días después de estas declaraciones en el mismo diario publica otra pieza, y esta es digna de museo. Dice, entre otras cosas refiriéndose a Abinader, lo siguiente: “Quienes le conocen desde muchacho saben que siempre ha sido elitista y creído, un hijo de papi y mami carente de talento y humildad pero excedido de soberbia y con la petulancia propia del cretino clasista que se siente por encima del bien y del mal”. No recuerdo la última vez que habré leído semejantes insultos para un candidato presidencial en República Dominicana, sólo pude equiparar este exabrupto a los que agravios que se vio sometido José Francisco Peña Gómez en toda su carrera política. Y este es sólo uno de los tantos improperios que se han esgrimido contra el candidato de la oposición al gobierno. Los términos usados en múltiples ocasiones por José Ramón Peralta, Ministro Administrativo de la Presidencia, no pocas veces han sido descompuestos.

 

Sus estrategas de campaña también aluden como una de las causas para que el presidente no asiste a un debate es que un candidato que doble en las encuestas a su más cercano contendiente no tiene necesidad de debatir nada. Yo no estoy tan seguro que esta causa se aplique a Danilo Media, y explico por qué.

 

Se ha querido vender una imagen del presidente como un hombre sencillo, llamo, sin egolatrías. Justamente son con estas cualidades con las que siempre han querido separarlo de Leonel Fernández. Sin embargo, esta imagen no me convence del todo, creo que Medina es tan o más ambicioso, vanidoso y ególatra como Fernández, parecería como si entendiera que en estos momentos él es el único dominicano con capacidad para dirigir los destinos del país, se cree un líder como pocas veces ha tenido la política criolla. De no ser así, ¿cómo alguien me explica sus hercúleos esfuerzos en obtener un segundo y consecutivo período presidencial, sino es por ambición de poder? ¿Si él no fuere el presidente una vez más en forma consecutiva el país va a sucumbir? ¿Cómo justificar las humillaciones a las que sometió a Fernández, sino diciéndole que sólo él está en estos momentos en capacidad de garantizar el triunfo electoral de su partido? ¿Acaso no es esto egolatría? Si este comportamiento no es vanidoso y un desmedido deseo de poder, que alguien me lo explique. Las personas se juzgan primero por sus hechos, luego por sus palabras y mucho después, mucho después, por sus caras siempre sonrientes y amables.

 

Por otra parte, algunos analistas políticos han indicado como si pareciera que uno de los intereses del Medina es convertirse en el presidente en haber ganado una elección con el mayor porcentaje de la historia democrática de este país, superando el 59.53% obtenido por Juan Bosh en las elecciones de noviembre del 1962. Si él y su equipo de campaña estuvieran convencidos que saldrían gananciosos de cualquier debate presidencial, si eso fuera realmente a sumarle más votos de los que dicen ello que tienen, todos podemos estar convencidos de que asistiría, no sólo a un debate, sino a todos los que fueren necesarios, creo que él mismo los propondría. En una campaña electoral los candidatos nunca escatiman en actividades que ellos y sus estrategas estén convencidos que les sumaran votos, y esto así porque los votos nunca están de más en unas elecciones. Mientras más, mejor. De manera que la idea que no hay debate porque Danilo está en primer lugar en las encuetas es tal falsa como todas las demás argumentaciones.

 

Las reales motivaciones por las cuales el presidente Medina huye del debate no tiene nada que ver con lo expuesto hasta aquí, nada en lo absoluto. Los motivos son dos. El primero es su pobre condición de orador y escaso dominio escénico y el segundo es que el electorado dominicano es poco exigente.

 

Cuando un candidato asiste a un debate presidencial va allí a vender básicamente dos cosas, su imagen como persona capacitada para el cargo frente a los demás aspirantes y promover su proyecto ante un posible gobierno. Pero cuando se es un presidente en ejercicio y a la vez candidato al mismo puesto hay que agregar otro elemento, debe defender su actual gestión presidencial. Y justamente esto último es lo que preocupa a los reeleccionistas.

 

Cuando un candidato cualquiera asiste a un debate presidencial tiene una magnífica oportunidad de hacer galas de sus calidades de posible estadista, o reforzarla si ya lo es. Es un escenario donde salen a relucir su capacidad de conceptualización, la visión de país que tiene, como se maneja a las objeciones a las que siempre un presidente se enfrenta, claro está, todo esto de manera verbal, pero el verbo es una excelente herramienta de demostrar las capacidades intelectivas de una personal. Por otra parte, cuando se exponen planes a futuro un expositor que exhiba una buena capacidad de conceptualización, con fluidez y un buen dominio del tema y escénico hay buenas posibilidades de convencer al auditorio, claro que estos planes deben ser más o menos razonables. No es que digan que con un plan de una computadora para cada estudiante y profesor se convertirá en la panacea para la educación dominicana, no, después de estas computadoras faltaría mucho más para realmente mejorar nuestro maltrecho sistema educativo.

 

Medina es un hombre que está acostumbrado a los teleprompters donde puede leer sus discursos previamente redactados por su equipo mediato en confortables oficinas del Palacio Nacional, donde se revisan de manera meticulosa cada palabra, cada oración que se dirá. Sin embargo, aún con estos elementos a su favor él no es capaz de exhibir la fluidez propia que se espera de un expositor experimentado, es común verlo perder la secuencia de lo que está leyendo, no pocas veces tartamudear, su nerviosismo en eso casos es penosamente evidente. Justamente en su última Rendición Cuentas ante la Asamblea Conjunta de Ambas Cámaras el pasado 27 de febrero, se le veía sudoroso y tenso. No sabemos por qué.

 

El candidato presidente tiene planes que está intentando vender al electorado y que pueden parecer atractivos a una población de votantes ávida de soluciones a problemas elementales, que en 12 años consecutivos de administraciones del PLD aún no son mínimamente resueltos. Un plan llamado “República Digital” donde ofrecen internet de banda ancha en barrios de las ciudades más importantes del país, que se va a enfocar en la seguridad ciudadana, que “ahora será el gobierno de la economía familiar”, son sólo algunos de sus promesas electorales. Exponerlos puede resultarle sencillo, pero, ¿cómo puede un candidato hacer atractiva la promesa de ofrecer “internet para todos los sectores de la población” justamente en barrios donde si un ciudadano exhibe un teléfono inteligente en la vía pública es asaltado sin importar que estén a plena luz del día y, además, en un país que tiene uno de los servicios de internet más caros del mundo? ¿Qué haría Medina frente a una audiencia nacional en vivo sin discursos escritos, sin sus ministros diciéndoles qué decir a unas improvisadas preguntas de un equipo de periodistas de primera categoría? ¿Cómo enfrentaría él la avidez de cuestionamientos de profesionales de la comunicación como Huchi Lora, Nuria Piera, Roberto Cabada o Juan Bolívar Díaz, por mencionar sólo algunos? ¿Cómo poder justificar el desagradable espectáculo de su falsa lucha contra la corrupción pasada y actual? ¿Cómo justificar que la delincuencia callejera se le ha salido de las manos a su administración y uno de sus más importantes ministros dice que “es percepción”? ¿Qué diría él del desastre cómo se ha estado manejando la inmigración ilegal haitiana y las pésimas relaciones que tenemos con el vecino país? ¿Qué decir de la depredación a que está sometido el medio ambiente en el país y donde un presidente no dice ni hace nada para evitar el desastre ecológico a que nos veremos expuestos en los próximos años como consecuencia de la irresponsabilidad del funcionario peor valorado de todas las instituciones estatales? ¿Cómo justificar que tenemos una tanda extendida en escuelas públicas desde hace más de un año y se ha denunciado hasta el cansancio que los programas para ocupar las ocho horas que los estudiantes permanecen en el recinto no están aún diseñados? Podemos continuar con la lista, pero ésta nos describe una idea de los tópicos a los cuales Media le huye. Y creo que debemos estar de acuerdo que son estos los temas que los votantes quisiéramos escuchar en un debate presidencial.

 

La otra gran razón por la cual no hay debates en RD radica, penosamente, en nosotros los votantes, que somos pocos o nada exigentes con nuestra clase política.

 

Un debate presidencial es un momento donde los votantes podemos constatar cómo los candidatos se avienen a interpretar los tiempos que vivimos frente a nuestras experiencias pasadas, la necesidad que hay de comprender la significancia de una convivencia civilizada, la posibilidad de lograr coincidencias que mejoren los comportamientos sociales y las actitudes de la dirigencia, el respeto al pluralismo de ideas y a las instituciones democráticas, la posibilidad de cambiar cuando las circunstancias demuestren la conveniencia de hacerlo para el bien común. Enfrenados los candidatos uno a otros están expuestos al escrutinio de toda una nación, y los votantes podemos juzgarlos en función de su conocimiento de la política, su capacidad de pensar y hablar, nos permite percibir el carácter personal, así como la talla intelectual de los aspirantes.

 

Tener las herramientas para censar adecuadamente a nuestros candidatos es un derecho que a toda comunidad de electores tiene, pero si esta comunidad no se lo exige a sus políticos y candidatos, éstos nunca lo otorgaran, aunque siempre tendremos algunos que tendrán la entereza de presentarse al escrutinio público, pero no faltaran los pusilánimes que huirán de éste.

 

Los electores dominicanos debemos entender que nuestra clase política no variará su modo de actuar si nosotros no se lo exigimos, somos nosotros quienes tenemos la última palabra, pero la pena es que este electorado dominicano aún no lo ha comprendido. Esperemos que no tengamos que esperar muchos procesos electores más para hacer un cambio de rumbo en las campañas electorales dominicanas.

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