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Tratar de satanizar encuestas porque no les favorecen es una práctica común en los políticos criollos, pero es un error utilizar este alegato como una estrategia de campaña para salvar unas elecciones.

Creo en la democracia, aun con sus fallas soy de opinión que no se ha creado un sistema de gobierno mejor que este, o si se quiere, menos malo que este. Los griegos y los romanos no se equivocaron al crear los cimientos políticos que en algún momento terminarían creando este sistema. También creo que los votantes debemos aprovechar las herramientas que ésta nos facilita y castigar a los políticos y partidos que encubren, promueven y/o practican la corrupción y que mienten a sus votantes. Estoy absolutamente convencido que el presidente en ejercicio y candidato al mismo cargo Danilo Medina y el gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD) exhiben estas inconductas. Favorecería, pues, que este candidato y su partido deberían ser castigados y derrotados por cualquier fuerza política de oposición, de la misma manera que cada vez que el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) gobernó este país, y lo haciéndolo peor, la población le castigó sacándolo del poder. Eso es lo que yo creo.

Sin embargo, en esta democracia que yo venero lo que impera es la decisión de la mayoría, y todo indica que la mayoría del pueblo dominicano no comparte esta opinión, al menos en cuanto a castigar al partido ahora en el poder. Al menos así lo reflejan la mayoría de las encuestas de intención de votos que se están exponiendo a la opinión pública en estos momentos.

Como es normal en República Dominicana, y en cualquier país, en cada campaña electoral se publican regularmente en los distintos medios de comunicación encuestas políticas a fin de informar la intención mayoritaria de los votantes identificada para ese próximo torneo electoral. Cuando llegan las últimas semanas de la campaña es común que se incremente la frecuencia con que se divulgan éstas.

La tendencia en la preferencia del electorado que esas encuestas están indicando son elocuentes y parecen indicar que ya todo está definido. De los últimos seis trabajos publicados, cuatro de éstos (Benenson, Gallup, Cedemers y Greenberg) dan al candidato del PLD, Danilo Medina, alrededor de un 60% de la intención del voto y dos (Alfonso Cabrera y Voltia) le otorgan alrededor de un 50%. A Luis Abinader, candidato del opositor Partido Revolucionario Moderno (PRM), dos encuestas (Alfonso Cabrera y Voltia) le otorgan alrededor de un 40% de esta preferencia y en cuatro un 30% o menos. Ya estando a sólo tres semanas del sufragio y aún con la dificultad que implica que para ganar una elección presidencial se requiere un mínimo del 50% más un voto, de los votos válidos emitidos en una jornada electoral, el panorama para Medina luce holgado, para Abinader preocupante.

Nuestros políticos nos tienen acostumbrados a desprestigiar aquellas encuestas que no les son favorables y sólo reconocer como válidas las que le posicionan en los primeros lugares de la preferencia del electorado. En esta oportunidad los dirigentes del PRM no han olvidado esta cultura y han vertido toda clase de descalificaciones a estos estudios de medición que reflejan un panorama nada bueno para este partido y su candidato. Han dicho que estas encuestas “son pagadas por el Gobierno y por lo tanto deben favorecerle”, que estas compañías son una “sastrerías de encuestas”, que en el Palacio Nacional se ha creado un “Ministerio de Encuestas”, que “la verdadera encuesta será el 15 de mayo”, entre otros descalificativos.

En los últimos procesos electorales, más bien desde el 1.996, cuando en el país comenzó a tener procesos electorales verdaderamente libres de fraudes, muchas encuestas comenzaron a ser certeras, esto, claro está, porque en tales estudios no es posible medir la incidencia que un fraude puede tener en el resultado final de una elección cualquiera. A partir de ese año, campaña tras campaña las encuestas de medición han estado acertado con un excelente nivel de precisión, indicativo inequívoco del nivel de profesionalismo de estas firmas.

Ahora bien, que nadie se llame a engaño, no podemos descartar que las encuestas podrían ser manipuladas y utilizadas de manera engañosa en República Dominicana para fines electorales, pero, de arriesgarse, las firmas encuestadoras son muy cuidadosas en los momentos que pudieran prestarse a estas manipulaciones.

Cuando estamos a meses antes de las elecciones es posible que las encuestas se manipulen a fin de ayudar a un candidato a crear una imagen de fortaleza frente al electorado. Pero cuando faltan sólo semanas los datos que en éstas se publican deben ser lo más cercanos a la realidad. Esto por la simple razón de que los porcentajes que las firmas encuestadoras utilizan como prueba de la veracidad y profesionalismo de su trabajo son aquellos que pueden ser comparados con los resultados reales de la elección misma que estaban tratando de predecir, y los únicos datos que pueden ser comparados con un con resultados de las urnas son los más recientes, los de los últimos días o, talvez, una o dos semanas atrás porque la intención del voto es una variable muy inestable a través del corto tiempo y no resulta válido hacer comparaciones entre encuestas y resultados finales, cuando los datos de las primeras se levantaron varios meses antes de efectuarse la votación.

Este sencillo mecanismo es lo que protege a las firmas encuestadoras de cualquier estudio manipulado que hayan publicado varios meses antes de una votación.

A pesar de lo anterior es posible que tangamos algunas compañías encuestadoras que se presten a la manipulación de datos en esta etapa final de la campaña electoral, pero podemos estar seguros que no todas se animan a arriesgar su prestigio y reputación por trabajos políticos que sólo se hacen cada cuatro años y perder credibilidad ante el mercado empresarial que es todo el año.

Si vamos a suponer que el reflejo que emiten las encuesta son fruto de un “ministerio de encuetas” que funciona en el Palacio Nacional tendremos que asumir que las firmas de más prestigio se han confabulado en favor del candidato oficialista, y esto, además de ser una tontería, es un discurso que difícilmente el electorado pueda considerar como cierto.

Tratar de satanizar encuestas porque no les favorecen es una práctica común en los políticos criollos, pero es un error utilizar este alegato como una estrategia de campaña para salvar unas elecciones. Hoy día tal mecanismo no genera votos, antes que esto, los puede reducir porque refleja una sensación de derrota en el aspirante y el partido, y este “derrotismo” se traduce a sus simpatizantes. La “lógica” del dominicano es simple: “si mi candidato ya está perdido, porque voy a salir a votar”. Aún al dominicano le gusta votar por los que van a ganar, por los que se perfilan como triunfadores.

De manera que insistir en este “pataleo” no va a generar nada provechoso al PRM. Deberían recordar la historia reciente de su padre político, el PRD, recordar que las últimas cinco elecciones generales la han perdido y que en estas cinco derrotas utilizó la estrategia de denigrar a las compañías encuestadoras que publicaban datos que no le favorecían y validaban como reales y profesionales las que lo colocaban en posición ventajosa. No me parece prudente que el PRM y Luis Abinader esperen que en esta oportunidad esta estrategia de campaña pueda producir un resultado diferente al que han tenido en los últimos 20 años.

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