Las manipulación no deben tolerarse y las declaraciones de Roberto Rosario no son más que una vulgar manipulación, que cuentan con el pagado apoyo, en unos casos, y la burda y gratuita adulación, en otros, de todo un ejército de periodistas que se creen “hacedores de opinión pública”.

Si en República Dominicana hay un funcionario que resulta difícil hacerse indiferente a él por las controversias que genera, es el presidente de la Junta Central Electoral (JCE), Roberto Rosario Márquez (55), quien es abogado de profesión egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y desde el año 2003 forma parte del Pleno de la JCE y en octubre del 2010 fue nombrado por el Senado de la República, como la ley indica, presidente de ese organismo comicial.

Roberto Rosario es un hombre de mucho temple y más intransigencia. Pero para ser justo, y hacemos lo posible por serlo, hay que reconocer que desde su nombramiento como presidente de esa entidad ha trabajado en favor de su institucionalidad como ninguno de sus antecesores trabajaron en favor de ésta. Esto ha colocado, según datos de múltiples encuestas de opinión publicadas en los últimos meses, a la JCE en el organismo estatal de más alto índice de credibilidad en la población.

Al compás del valeroso trabajo que Rosario ha hecho, sus enfrentamientos se han tornado habituales con distintos actores de la vida nacional de los más diversos sectores. Podríamos hacer una lista de sus confrontaciones, a saber, con la Dirección General de Contrataciones Públicas (DGCP), con Participación Ciudadana (PC), con algunos sectores de la Iglesia Católica, con prácticamente todos los partidos políticos, con algunos sectores de la prensa, con algunas embajadas y sus embajadores, incluso ha tendido enfrentamientos con otros jueces de la misma JCE que han terminado ventilándose en la prensa nacional.

Precisamente por estos días él ha estado en el centro de la atención de la opinión pública como consecuencia de la implementación por primera vez en el país del conteo electrónico de los votos de las próximas elecciones generales del 15 de mayo. Abordamos este tema en nuestra publicación titulada “República Dominicana: Conteo electrónico de votos sin previo ensayo y su costo para la democracia”, que pueden ver en http://wp.me/p7o7vR-3B

En una entrevista el pasado lunes 25 de abril en el popular programa radial El Gobierno de la Mañana, el señor Rosario dijo que en algún momento recibió tanta presión de parte de la Embajada de los Estados Unidos y del embajador James Wally Brewster, que llegó ser amenazado con retirársele el visado americano a él y a su familia. Esto fue más bien la confirmación de unos rumores que habían surgido hace más de un año a raíz de la situación de tirantez entre esa embajada y la JCE como consecuencia de la revisión del registro civil que ordenaba la Sentencia 168-13 del TC.

Pero me gustaría hacerle varias preguntas a Rosario. Por ejemplo, cuando se produjo la amenaza, ¿él lo informó al Ministerio de Relaciones Exteriores, como organismo encargado de manejar las relaciones con gobiernos extranjeros? ¿Este ministerio se quejó a su vez formalmente ante el Gobierno de los Estados Unidos, como la gravedad de la situación lo ameritaba? ¿Tenía el presidente Danilo Medina, como jefe de las relaciones diplomáticas del país, conocimiento de esta situación? Si se dieron todos estos pasos o no se hizo nada al respecto, ¿por qué sacar a relucir este incidente más de un año después de ocurrido? El mismo Rosario valora el hecho como un atrevimiento que no se puede tolerar, pero a la vez advirtió que ya él había dado por terminada la situación de tirantez con el embajador, qué eso había terminado. Entonces, ¿para qué mencionarlo? ¿Qué perseguía este conflictivo funcionario con estas declaraciones?

El interés de Rosario era desviar la atención de la opinión pública del tema del conteo electrónico de votos que le tiene a él y al organismo que dirige en el ojo del huracán, su intención era “hacerse la víctima” y tener la “solidaridad” de la población por la afrenta a él cometida. Ese fue si interés, no otro.

Y le ha dado resultado, hasta cierto punto, claro está. Si la pasada semana sólo se hablaba de conteo manual o electrónico, en esta la prensa se ha inundado de artículos, editoriales, opiniones de personalidades en apoyo al “funcionario vejado”. Diferentes voces se han levantado en apoyo Rosario y condenando el atentado a la soberanía nacional reflejada en esta afrenta. Esto ha sido un desborde de patriotismo y defensa de la soberanía.

Tengo respeto por el trabajo que Rosario ha hecho en la JCE, sus aportes son valiosos, sería injusto negar que es un hombre de luces. Por otra parte, no tengo problema con su desbordada arrogancia, creo que el hombre puede ostentar la arrogancia permitida por el mérito, y él tiene muchos. Pero el problema con esta actitud es que llega un momento que no te permite ver el límite, de una u otra forma desdibuja esa línea que nos indica “qué hasta aquí podemos llegar”, además, los arrogantes son proclives a considerar a los demás como tontos e intentar manipularlos. Las manipulaciones deben tolerarse y las declaraciones de Roberto Rosario no son más que una vulgar manipulación, que cuentan con el pagado apoyo, en unos casos, y la burda y gratuita adulación, en otros, de todo un ejército de periodistas que se creen “hacedores de opinión pública”.

En este servidor público se conjugan luces y sombras, como todo en esta vida.

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