En verdad el nombrar una estación del Metro de Santo Domingo con el nombre de Juan de los Santos no es más que una demagogia barata y de mal gusto de Danilo Medina y el PLD, que de manera siempre burda intentan hacer un acto político de todo cuanto tocan.

Es costumbre en todas partes del mundo nombrar provincias, municipios, parajes, calles, monumentos y hasta estaciones de metros con los nombres de personajes fallecidos, de prohombres que por alguna causa se hayan destacado de sus coetáneos. De esta manera se procura enaltecen los legados de esos personajes con un merecido homenaje a sus vidas y, además, que las generaciones que le sobrevivan les recuerden.

Las autoridades del Metro de Santo Domingo, una de las más importantes obras de infraestructura de transporte que se ha erigido en el país en las últimas décadas, han hecho norma esta práctica al nombrar sus distintas estaciones con los nombres de ilustres dominicanos, y tenemos que asumir que hasta este momento ha habido una justa selección.

Políticos, hombres de Estados, expresidentes, líderes campesinos y estudiantiles, educadores, intelectuales y artistas de nombres tan ilustres como Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón, Pedro Francisco Bono, Ulises F. Espaillat, Ramón Cáceres, Joaquín Balaguer, Juan Bosh, José Francisco Peña Gómez, Mamá Tingó, Manuel Arturo Peña Batlle, Eduardo Brito, Amín Abel, son sólo parte de los inscrito en las paredes de las 30 estaciones que funcionan en la actualidad.

En estos momentos está en fase de terminación la Línea 2B, que conectará el Distrito Nacional con Santo Domingo Este. Se ha informado de manera oficial que una de esas estaciones llevará el nombre de Juan de los Santos.

La pregunta es: ¿tuvo en vida Juan Concepción de los Santos Gómez méritos suficientes para ser honrado de semejante manera? ¿Se pueden comparar sus posibles méritos con alguno, o algunos, de los demás elegidos para nombrar estas estaciones? ¿Qué tanto este joven empresario y político se destacó de sus coetáneos, y por cuáles medios? Yo, tengo mis dudas.

De los Santos fue un empresario habilidoso que hizo su fortuna gracias a negocios de bancas de loterías y de apuestas deportivas, que en un momento decidió “engancharse” a la política y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) le abrió sus puertas con todas las facilidades que pudiera imaginarse, no por su liderazgo, sino por su dinero. Estas facilidades se le otorgaron en detrimento de verdaderos líderes y labradores políticos de esa organización con más años y méritos que él. ¿Quién podría ocultar esto?

Personalmente jamás negaría que De los Santos tuviera “sus luces”, pero no tantas como las que algunos hoy quieren atribuirle, y esto ocurre porque en la política dominicana hasta los políticos recientemente fenecidos conservan sus adulones, es como si se éstos se llevaran algunos votos a su tumba. Claro que ya a ellos de nada le sirven, pero sí a sus viudas, familiares y antiguos colaboradores. Tan sobredimensionada está la figura de éste, que a los pocos días de su trágica muerte un grupo de regidores del Ayuntamiento de Santo Domingo Este tuvo la osadía de sugerir que se pusiera su nombre a esta provincia, que pasaría a llamarse Provincia Juan de los Santos. Cualquier extranjero que hubiera escuchado y leído la prensa los días inmediatamente posteriores a su muerte se habría forjado la idea de que este alcalde fue un prócer de dimensiones históricas, un líder de masas de proporciones similares a las de Bosh, Peña Gómez o Balaguer, cuando en realidad no fue más que un político de cierto éxito, éxito logrado muchos más en la medida que pudo comprar que aquel que pudo obtener por sus cualidades de líder “per se”.

Pero, ¿cuáles son los posibles méritos de este alcalde? ¿Logró resolver el problema de la basura en su municipio? ¿Construyó parques y plazas? ¿Mantuvo las vías de tránsito en óptimo estado? ¿Mantuvo una adecuada iluminación de estas vías a fin de mantenerlas con un menor índice de delincuencia? ¿Fue pulcro en su gestión? Esto es lo que algunos aluden como méritos para convertirlo en un nuevo prócer. Pero, aún las respuestas a todas estas preguntas fueran positivas estos hechos no pueden ser calificados como méritos, simplemente porque esas eran sus responsabilidades como alcalde de un municipio y a nadie, a nadie hay que premiarlo por cumplir con sus responsabilidades, simplemente porque esto es lo que se supone que todos deberíamos hacer, es decir, ser responsables. Lo que se reconoce y se premia es lo sobresaliente, lo extraordinario, lo que vaya más allá de las atribuciones y que sea positivo, naturalmente, y este no es el caso del fenecido político.

Es de conocimiento público los lazos de amistad que unieron a Danilo Medina con su desaparecido compañero de partido. De acuerdo con el comentarista radial, Álvaro Arvelo, estos vínculos están tales que el apartamento donde hoy vive el presidente Medina fue un regalo que el alcalde hizo en vida al presidente. ¿Es esto, pues, un póstumo y público acto de gratitud? De ser así sería preciso reconocer que Medina es un hombre agradecido.

En verdad el nombrar una estación del Metro de Santo Domingo con el nombre de Juan de los Santos no es más que una demagogia barata y de mal gusto de Danilo Medina y el PLD, que de manera siempre burda intentan hacer un acto político de todo cuanto tocan. Además, es un acto de injusticia que se prefiera honrar a este rifero vivaracho y dejar sin reconocimiento a tantos dominicanos y dominicanas que han hecho tanto por este país, que son casi anónimos para la presente generación porque que nunca son reconocidos en la medida de sus aportes.

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