Todo indica que Abinader terminará con más de un 35% de los votos, nada mal. Con este margen, su juventud, la experiencia y el protagonismo adquirido en estas elecciones él tiene en sus manos un futuro político con muchas posibilidades, están dada las condiciones para que a partir de este momento él se convierta en el líder de la oposición, oposición ésta que el sistema político dominicano necesita con urgencia y él ha demostrado que tiene las condiciones para asumir el rol.

 

La campaña ha terminado y como advertían algunas encuestas la mayoría del voto favoreció ampliamente al candidato presidencial Danilo Medina. Durante las próximas semanas veremos infinidad de análisis y artículos analizando este proceso electoral. En mi caso no tengo la intención hacer un examen profundo de la victoria del gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD), sino más bien dar una breve visión sobre las adversas circunstancias que rodearon la candidatura del señor Luis Abinader.

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) es una organización política que nació en el segundo semestre del 2014, como consecuencia directa de la crisis iniciada en mayo del 2012 en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) por la derrota que sufrió esta organización en las elecciones presidenciales celebradas ese año. Ésta degeneró en la división de ese partido cuando una parte significativa de sus dirigentes y simpatizantes salen de éste y se aglutinan en la Alianza Social Demócrata (ASD) que posteriormente cambia su nombre a Partido Revolucionario Moderno.

Visto esto, lo primero que debemos tomar en cuenta es que PRM no es más que una facción del PRD, de ese partido que una vez fue mayoritario, que ha tenido décadas de luchas internas que han disminuido su capacidad política y electoral y que a este momento tiene 12 años fuera del poder, y se encamina a 16. Siendo el PRM un desprendimiento del PRD hay que asumir que esta panorámica es igualmente válida a los dirigentes y a las bases del PRM.

La ASD era un partido que estaba virtualmente inactivo, sin una estructura organizativa, lo que implicaba que al PRM había que estructurarlo a partir de cero. Esta necesaria organización tuvo que hacerse a la carrera al mismo tiempo que el partido estaba forzado a iniciar los procesos de escogencia de los candidatos a las elecciones, y como si no fuera suficiente, los dirigentes estaban consciente de que tenían que gestionar negociaciones para posibles alianzas electorales con otras organizaciones políticas, alianzas que al final sucedieron con la obligatoria consecuencia de otorgar puestos electivos a los aliados en detrimento de los aspirantes internos. La lucha intestina por la selección de estos puestos directivos y electivos se tornó lacerante para la institucionalidad del partido por las agrias fricciones y mayúsculos descontentos. En medio de estos acontecimientos no pocos dirigentes importantes decidieron retornar a su antiguo partido, el PRD, esto por las desavenencias señaladas y, además, porque la ya formada alianza PLD-PRD les parecía atractiva.

En medio de esto Luis Abinader fue elegido candidato presidencial al derrotar ampliamente en una convención al que era considerado el líder político de ese partido, Hipólito Mejía, en un proceso que evidentemente produjo un descontento tal en el expresidente, que éste nunca se acopló realmente a la campaña en favor de su antiguo compañero de boleta, ni siquiera luego que su hija, Carolina Mejía, fue elegida como candidata vicepresidencial. Siempre se observó que tal escogencia de parte de Abinader, la habría hecho como una estrategia de granjearse el apoyo de Mejía padre, cosa que no logró. Un simple ejemplo, a sólo horas de las elecciones se divulgó una entrevista al expresidente, en la que lanzaba “piropos” al presidente Medina al calificarlo de “hombre humilde, trabajador y que cumplía su palabra”. Esto último, por ejemplo, contrariaba el discurso que Abinader mantuvo toda su campaña de que su contrincante era un político que no cumplía lo que prometía, que siempre faltaba a su palabra.

Luego de terminada la estructuración del PRM la población vio que parte significativa de los elegidos para dirigirlo, y para dirigir la campaña presidencial misma, eran verdaderos “dinosaurios políticos”, “piezas del Museo de la Historia de la Política Dominicana”, que tenían poco o nada nuevo que ofrecer a las bases y simpatizantes del naciente partido, bases y simpatizantes estos que estaban hastiados de ver por más de 20 años a las mismas personas dirigir erráticamente el PRD, y ahora el PRM.

La campaña presidencial inicia y los comerciales de TV, radio y prensa parecían con 20 años de atraso, comerciales penosamente actuados, nada convincentes, algunos rayaban en lo ridículamente cómico. El comercial de la esposa desesperada que le pide dinero a su marido a las 7:00 AM, es un verdadero monumento a la ridiculez comunicativa, y como este era la mayor parte de los spots de TV, y mejor no recordemos el Shampoo Abinader. Naturalmente una estrategia mercadológica con su necesaria campaña televisiva de alto estándar de calidad cuesta mucho dinero, que era lo que más le faltaba a Abinader. Esta ausencia de recursos fue producida porque el PRM sólo recibió de la JCE 12 Millones de pesos, lo que implicaba que tenía que buscar aportaciones entre sus miembros, candidatos y empresarios afectos. Para que tengamos una idea, la convención para elegir candidatos electivos fue suspendida en una ocasión por falta de fondos. En República Dominicana no se puede hacer una campaña presidencial exitosa sin una buena cuenta bancaria.

En semejantes condiciones Luis Abinader compitió contra Danilo Medina, que si bien es cierto tampoco tuvo un partido totalmente aglutinado, ya que Leonel Fernández nunca se adhirió a su proyecto, pero contaba con todo lo que el Poder otorga, con todos los recursos del Estado a su disposición, con un equipo mediático sencillamente impresionante, donde desde dueños y directores de medios, periodistas y comentarista estaban al servicio de su campaña, donde el dinero era lo menos que faltaba, donde un Joao Santana, que es uno de los mejores estrategas políticos latinoamericanos, era su principal asesor, y sobre todo, con una maquinaria electoral de conseguir votos como es el PLD. Hay que admitir que con semejante realidad era muy difícil para Luis Abinader salir victorioso, no porque Medina fuera invencible, en política nadie lo es, pero para vencerlo se requerían unas herramientas de las cuales Abinader nunca dispuso.

En esto no podemos obviar que el presidente Medina ciertamente se ha granjeado la simpatía de muchos dominicanos. Su estilo sencillo y llano y su supuesta o real cercanía a la gente, le han permitido ganase un afecto en muchos dominicanos. Son cualidades inherentes a los candidatos y que cuando éstos son políticamente diestros, saben traducir esas impresiones en votos.

Dijo Ortega y Gasset que “el hombre es él y sus circunstancias”, bien, también podemos decir que el candidato es él y sus circunstancias y fueron éstas las que acompañaron a Luis Abinader en este proceso. Pero a pesar de esta realidad, todo indica que éste terminará con más de un 35% de los votos, nada mal para un candidato en semejante circunstancias. Con este margen, su juventud, la experiencia y el protagonismo adquirido en estas elecciones él tiene en sus manos un futuro político con muchas posibilidades, están dada las condiciones para que a partir de este momento él se convierta en el líder de la oposición, oposición ésta que el sistema político dominicano necesita con urgencia y él ha demostrado que tiene las condiciones para asumir el rol.

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