Al presidente Danilo Medina, con su siempre sonrisa, con “su carita de yo no fui”, con su cara de pendejo, después de haber usado y abusado de los recursos del Estado para vencer e imponerse a sus adversarios, le resulta muy cómodo aparecer y “tender la mano a la oposición” y ahora decirles a ellos “yo a todos, los respeto”. Por favor.

La crisis postelectoral que estamos presenciando los dominicanos en estos momentos ha llegado a niveles que nunca debió llegar, donde varios dominicanos han perdido sus vidas en medio de incidentes violentos, y esto ya es inadmisible. La vida de un solo dominicano no vale los más de 4,000 puestos electivos que se disputaron en estas elecciones.

Las denuncias de “compras de cédulas y votos” en las elecciones están a la orden del día, pero esto es tan común en este país que ya nadie se sorprende por ello, muchos candidatos lo hacen, si tienen los recursos, claro está; en Santo Domingo Este, para citar una demarcación como ejemplo, al menos tres candidatos a cargos municipales han denunciado serias irregularidades, tan graves éstas, según ellos, que han demandado una anulación de las elecciones en ese municipio; en innumerables jurisdicciones se han denunciado las pérdidas de las actas de votación de colegios electorales; las actas no se plantificaron, tal y como se hizo en las elecciones pasadas para impedir que fueran adulteradas; se ha denunciado y demostrado a través de actas que en algunos colegios el 100% de los votos se le asignaron a un solo candidato; en el Boletín No. 4 de la misma JCE, correspondiente al Municipio de La Vega, un partido tiene una votación, sin embargo en el siguiente, el Boletín No. 5, aparece con una votación inferior; y el colmo es que en algunos colegios electorales los votos sobrepasan el número de inscritos en el padrón electoral para esos colegios. Esto es una comedia del peor de los gustos.

La misma noche del 15 de mayo iniciaron los reclamos, éstos se tornaron cada vez más encendidos y han terminado en no pocos lugares con protestas violentas en las calles de los municipios a que corresponden. Muchas voces están demandadas a los reclamantes que deben agotar los procedimientos legales establecidos para los fines de impugnación de resultados del escrutinio. Sin embargo, en las ocasiones en que se ha intentado iniciar tales procesos las oficinas de las juntas municipales han sido militarizadas y ni siquiera se les ha permitido ingresar a los demandantes a éstas.

En medio de este caos se han alzado otras voces demandando paz, éstas vienen básicamente de los mismos actores que en la campaña electoral eran evidentes adeptos al gobierno. Para aquellos que han sido beneficiados de este desorden les resulta fácil hacer llamamientos a la paz, es muy sencillo al que comete el abuso de poder, al que roba, al que se beneficia de las violaciones de la ley, llamar a la concordia y al dialogo. Es como si un delincuente te asalta en las calles y si es apresado y llevado frente a un juez te dice “paz hermano, recuerda que Cristo te ama”.

Es por esto que al presidente Danilo Medina, con su siempre sonrisa, con “su carita de yo no fui”, con su cara de pendejo, después de haber usado y abusado de los recursos del Estado para vencer e imponerse a sus adversarios, le resulta muy cómodo aparecer y “tender la mano a la oposición” y ahora decirles a ellos “yo a todos, los respeto”. Por favor.

Evidentemente en República Dominicana hay autoridades que no entienden que el irrespeto al derecho ajeno no sucede sin consecuencias. Lo que estamos viendo aquí es lo que ocurre cuando en un país sin institucionalidad acude a un proceso electoral severamente viciado y con un árbitro electoral que ha perdido toda credibilidad, cuando éste se presta a comprar y vender ese proceso, cual si fueran piñas dulces en un mercado municipal, cuando un presidente de una JCE se cree por encima del bien y del mal, cuando se considera un “Júpiter tronante”, como dice regularmente un comentarista de radio. En estas elecciones está en juego el trabajo político de más de 24,000 aspirantes y la decisión electoral de más de 5 millones de dominicanos que fueron a las urnas ese día.

Hay que reconocer que las demandas de algunos los candidatos son sospechosas, sino no es que son absurdas. Hay, incluso, aquellos que ya habían reconocido su derrota y, sin embargo, aparecen ahora reclamando reconteo de votos y fraudes en su contra, es como si quisieran “pescar en río revuelto”. Pero también debemos aceptar que las denuncias de muchos otros son evidentemente válidas y deben ser consideradas.

Lo más penoso de todo este caos es que muchos ciudadanos protestan, y algunas veces arriesgan su integridad física, por defender puestos a políticos que una vez en sus cargos harán los mismo que han hecho sus antecesores que hoy quieren desplazar, las mismas ineptitudes con las mismas corruptelas, y se olvidaran de esa población que los llevó a esas posiciones.

La situación aún no está fuera de control y confiemos que no llegará a ello, pero esto ya tiene que terminar, los ánimos tienen que comenzaran calmarse. Esperemos que con el paso de los días los ganadores siguieran celebrando en paz; que los que perdieron y saben que fue en buena lid acepten su derrota; que los que piensan que les robaron su triunfo calmen su rabia; y los que han muerto… bueno, para esos no hay nada que hacer.

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