Sus grandes rasgos son la procacidad y la vulgaridad. Su primer comentario en “El Gobierno” es a las 7:00 AM y una importante recomendación que le haría a una persona educada que nunca haya escuchado a este ilustre intelectual, es que a esta temprana hora del día se tome al menos dos cucharadas de Pepto-Bismol para reducir la probabilidad de vomitar al oír aquel asqueaste y nauseabundo derroche de vulgaridad.

El señor Álvaro Arvelo es uno de los más controversiales comentaristas de la radio dominicana, sino el que más. En este caballero se conjuga la intelectualidad, el eterno afán de manipular, el irrespeto hacia los demás y una nauseabunda vulgaridad. Realmente, no sé cuál de estos rasgos le es más distintivo. Es un personaje público del que resulta difícil no formarse un juicio de valor sobre él, ya sea positivo o negativo.

Hay que reconocer que es un hombre con una sólida formación intelectual, con conocimientos que abarcan deporte, arte, cine, literatura, música, teología, historia y otras ramas del saber. Esto le permite debatir sobre una infinidad de temas y lo convierte en un comunicador con un perfil poco común en nuestro país. Gracias a su prodigiosa memoria a cada momento hace referencias a datos sobre la vida de grandes personajes de la Humanidad. El señor Arvelo no pocas veces impresiona. Claro es que no escapa de las imprecisiones, y que algunas veces él mismo las reconoce.

Si en los “Premios Soberano” hubiera una categoría para “El Manipulador del Año” estoy convencido que ese trofeo sería de él, nadie le ganaría. Haciendo evidente su capacidad para el histrionismo y sus dotes intelectuales, la manipulación le resulta fácil y lo hace con cierta naturalidad. Es común escucharlo minimizar un hecho para favorecer un personaje de su agrado y al siguiente día magnificar el mismo hecho para descalificar despiadadamente a otro personaje que no sea de su gusto. Las cosas que suceden en un partido político que sea de su preferencia para él “son cosas sin importancia, cosas normales”, pero si ocurre lo mismo en el partido que no es de su predilección utiliza todos los descalificativos posibles contra la organización mismas y busca cualquier argumento para denigrar a sus dirigentes.

A pesar de todos los conocimientos que ha adquirido a través de los años, hay algo fundamental para la adecuada convivencia entre los hombres que él no ha aprendido, o si alguna vez lo aprendió, hoy día lo ha olvidado, es el respeto hacia los demás. Álvaro Arvelo no respeta a nadie. No importa la persona, ni su posición, y mucho menos le importa el respeto que esa persona le prodigue a él, si no es de su afecto, no tendrá reparo alguno cuando llegue el momento de ofenderle y denigrarle de forma abyecta y desalmada. En el mismo programa “El Gobierno de la Mañana”, e imagino que en la emisora misma, todos temen a su verbo. No sólo sus compañeros de panel, sino el que dice ser director del programa, el señor Willy Rodriguez, que no pocas veces tartamudear ante los reclamos, exabruptos y subida de tono del señor Arvelo. Cuando se resiste a que se toque algún tema en particular, pues no se toca para no provocar los demonios de este arrogante mortal lleva en sus adentros. Pero son los oyentes que llaman al programa los que llevan la peor parte, sobre todo las damas. Los términos que emplea para las mujeres que interactúan en el “El Gobierno de la Mañana” y le provocan, no puedo escribirlo aquí, son impublicables.

Sus otros grandes rasgos son la procacidad y la vulgaridad. Su primer comentario en “El Gobierno” es a las 7:00 AM y una importante recomendación que le haría a una persona educada que nunca haya escuchado a este ilustre intelectual, es que a esta temprana hora del día se tome al menos dos cucharadas de Pepto-Bismol para reducir la probabilidad de vomitar al oír aquel asqueaste y nauseabundo derroche de vulgaridad. Las cosas que éste dice delante de un micrófono son realmente desagradables, es como leer el Marqués de Sade, naturalmente sin el talento literario del famoso escritor. Y todo esto pasa mientras la “Comisión de Espectáculo Público y Radiofonía” (CNEPR) no hace absolutamente nada contra esta situación. Llama la atención que hará varios meses esta Comisión sancionó a un presentador de televisión de Santiago por haber utilizado términos ofensivos para referirse a un embajador de una legación en el país, esto en medio de una crítica del comunicador a la visita que hiciera aquel a una institución educativa de esa ciudad. Los términos utilizados por el periodista giraban en torno a la condición abiertamente homosexual del diplomático. Es evidente que la suspensión fue correcta, fue valida, ese locutor paso la raya de la permitido. Sin embargo, el señor Arvelo dice diariamente, a cada momento más barbaridades y obscenidades que la dijo el animador de Santiguo y nunca ha sido suspendido, nadie la llama la atención. Antes que esto, cuando dice sus barbaridades todos en el panel ríen y aplauden como focas contentas y felices.

Si bien es cierto que Arvelo ha asumido posiciones que podrían entenderse como en defensa “de lo mejor para el país”, Loma Miranda, Barrick Gold, por citar algunos ejemplos, pero también ha asumido otras en defensas a ciertos “amigos”, que son a todas luces inadmisibles. Por ejemplo, ha defendido abiertamente al senador Félix Bautista, llamó la atención a los medios que estaban condenando a Blas Peralta por la muerte del ex rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), diciendo que la prensa se había apresurado a declararlo culpable, acusó a Mariano Germán, juez presidente de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) de cometer un abuso de poder al acusar a jueces de recibir sobornos para liberar delincuentes, dice que la corrupción es endémica a los dominicanos y que de una u otra forma equilibra la economía al permitir que fluya el dinero. Esto es para mencionar sólo algunas perlas y podamos captar al señor Álvaro Arvelo en su justa dimensión.

En él no todas sus ocurrencias son desagradables. Algunas veces nos hace reír de buena forma. Como cuando relata que los días que se celebraba la famosa “Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre”, en 1956 en Santo Domingo, un día salió de su residencia preparado para matar a Rafael Leónidas Trujillo en una actividad pública, con una pistola de su propiedad de la famosa marca Luger. Él ya estaba todo dispuesto a librar el país de la tiranía, pero no pudo hacerlo porque en el momento de ejecutar la acción el arma se trabó y no le fue posible disparar. ¿Se imaginan ustedes tal episodio en la Historia Dominicana? Hoy en nombre de Álvaro Arvelo estuviera inscrito como un héroe nacional y habría liberado al país de la cruel dictadura e igualmente de las insolencias y vulgaridades que él mismo comete hoy día. Pero, no tuvimos tanta suerte.

República Dominicana es un país en el que todo aquel que puede, y así lo desea, se aprovecha de la poca formación académica de gran parte de su población. El señor Álvaro Arvelo no es la excepción. Él, al igual que los políticos corruptos y oportunista, se aprovechan de la generalizada ignorancia del pueblo dominicano; los políticos lo hacen a su manera, Arvelo lo hace a la suya; aquellos buscan dinero y poder, éste busca satisfacer su egocentrismo, su vanidad, su deseo de notoriedad. Dicen los estudiosos de la conducta humana que el egocentrismo es en muchas ocasiones un oculto sentimiento de inferioridad, que es el reflejo de frustraciones ocultas por metas no alcanzadas en otros tiempos. ¿Será el caso del señor Arvelo?

Sólo en una sociedad como la nuestra un personaje como este tendría la vigencia que él tiene. Entiendo que Arvelo podemos declararlo “el intelectual del populacho dominicano”. Con sus teorías, con sus alardes de haber leído dos millones de libros, sólo pudiera hacerse admirar de personas con poca o ninguna formación académica. Sin embargo, esto no es precisamente así. Este señor recibe a cada momento muestra de admiración y respeto de personas de todos los niveles sociales y académicos de país. Es impresionante la admiración, los elegíos y las muestras de respeto que recibe de todo aquel que visita en “El Gobierno de la Mañana”. Claro, no podemos llamarnos a engaños, estoy seguro que muchos de éstos que se le “inclinan reverentemente” en su presencia, en el fondo lo que sienten es más temor que respeto, temor de ser víctimas de los improperios a que él nos tiene acostumbrados a todos.

Creo que don Álvaro, a su edad, debería comenzar a pensar cómo quiere ser recordado una vez no esté en este mundo, debería comenzar a calmar los demonios internos que lleva dentro y, sobretodo, debería comenzar a devolver lo que, por los motivos que fuera, una parte de esta sociedad le entrega a manos llena, el respeto.

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