El parámetro que nos sugiere utilizar para medir el desempeño de este último proceso no es la deseada excelencia del mismo, sino nos sugiere como ejemplos para comparación los antiguos traumas electorales que hemos vivido los dominicanos en tiempos que creíamos ya superados, nos ha dicho que los dominicanos no podemos aspirar a tener un buen proceso electoral, sino a tener uno menos malos que los anteriores.

La noche del pasado jueves 2 del presente, el juez presidente de la Junta Central Electoral (JCE), Roberto Rosario Márquez, dio una alocución al país para referirse al pasado torneo electoral. Personalmente, y creo que igualmente muchos dominicanos, esperaba que él asumirá algún nivel de responsabilidad por las evidentes deficiencias exhibidas en este proceso, o al menos diera algunas explicaciones de por qué las cosas terminaron en un verdadero desorden. Antes que esto, la jornada fue un intento de minimizar las impresiones sobre las deficiencias del proceso comicial, y en los casos que no fue posible restar importancia, procedió a responsabilizar a actores externos a la JCE de éstas.

Con la denuncia de parte de Rosario de una supuesta renuncia colectiva de más de 3,000 técnicos horas antes de iniciar el proceso de votación, de lo cual ni siquiera los demás miembros del Pleno de la Junta tienen conocimiento, creíamos que ya todo lo habíamos visto en él. Sin embargo, la noche del jueves este señor nos demostró que aún le queda mucho por demostrarnos de su gran genio, ha demostrado ser un hombre capaz de superarse a sí mismo. Y eso es ya mucho decir.

De esta alocución de 55 minutos haré algunas observaciones de sólo ciertas consideraciones que este particular servidor público nos expuso.

Esa noche el juez presidente de la JCE nos ha vuelto a recordar, por enésima vez, que este era un proceso muy complejo y difícil de llevar a cabo y que ese es un factor que debe tomarse en cuenta a la hora de avaluarlo. Veamos esto. Él tenía conocimiento, quizás mejor que ningún otro dominicano, de las complejidades del torneo electoral que él y la JCE iban a montar, conocía las implicaciones del mismo. Entonces, tomando en cuenta que había un pleno conocimiento de las implicaciones del proceso y vistas las deficiencias que tuvo el mismo, ¿podemos suponer que se tomaron todas las medidas pertinentes para que el proceso terminara con un óptimo, o al menos, un aceptable desempeño? Las evaluaciones demuestran claramente que no, que no se tomaron las medidas necesarias para culminarlo exitosamente, que hubo improvisaciones, falta de una adecuada coordinación, en sentido general no se organizó adecuadamente. En cuanto a los constantes recordatorios de la complejidad de estas elecciones, ¿acaso era un argumento para utilizarlo en momentos como estos, cuando todo ha terminado en un caos? ¿La intención era ir preparando la opinión pública para el desenlace que las autoridades electorales sabían que tendríamos? Es una posibilidad.

Rosario nos recordó a los dominicanos, de una manera que rayó en el sarcasmo, que nuestros procesos eleccionarios siempre han sido traumáticos y terminan en crisis postelectorales. Dijo que “estas elecciones que eran más complejas que las que les antecedieron, siendo el sistema de escrutinio y conteos de votos (sic) el mismo que las pasadas, no podían ser diferentes, pero eso todos lo sabíamos”. Es decir, qué si los sabíamos, ¿por qué ahora nos quejamos? Además, el parámetro que nos sugiere utilizar para medir el desempeño de este último proceso no es la deseada excelencia del mismo, sino nos sugiere como ejemplos para comparación los antiguos traumas electorales que hemos vivido los dominicanos en tiempos que creíamos ya superados, nos ha dicho que los dominicanos no podemos aspirar a tener un buen proceso electoral, sino a tener uno menos malos que los anteriores.

Sin embargo, nos da una buena noticia, nos da un aliento. En la autoevaluación de su proceso observa que las deficiencias que se han presentado en éste son menos que en los anteriores, que las impugnaciones son menos y que los resultados finales lo vamos a obtener en un período inferior a otros años. Estamos, pues, progresando. Otras muestras infalibles de ello es que en esta ocasión los miembros de los colegios electorales estaban debidamente uniformados, y los electores podían identificar quien era el presidente, el secretario y demás integrantes del mismo. Además, los kits de votación, es decir, las boletas, los marcadores, los bolígrafos y otros utensilios estuvieron a tiempo. Increíble, ¿no? Cuando esperábamos repuesta a gravísimas deficiencias, este señor se despacha con esto como una muestra de que somos una sociedad que electoralmente está caminando, “a pasos de hormigas”, pero caminando y debemos confórmanos con estas magras mejoras. Visto este panorama, ¿tenemos que admitir que esta generación no será jamás capaz de montar unas elecciones sin traumas? A juzgar por las consideraciones del señor Rosario, no.

En este televisado discurso se ha hecho una denuncia extremadamente grave al decir que algunos actores apostaron al fracaso del torneo electoral, ha acusado a “mentes muy creativas” el pretender hacer abortar el proceso. Incluso puso día y hora a ese “aborto”: 3:00 PM del 15 de mayo. Pero no menciona a nadie en particular, antes que esto, dice que “posiblemente nunca se sabrán los nombres de los implicados en tan malignas intenciones”. Eso es una mayúscula falta de responsabilidad de parte de Roberto Rosario, hombre que nos tiene acostumbrado a ladrar cual perro rabioso, pero en este capítulo opta por callar.

Lo primero es que imputaciones como esa no pueden venir sin nombre, y menos cuando son hecha por un funcionario de la jerarquía que Rosario ostenta. Si él no tiene la certeza ni los nombres, o si no tenía la intención o el coraje de mencionarlos, lo más indicado era no decir nada y no hacer este ejercicio de mayúscula ridiculez. Es de suponer que los organismos de inteligencia del Estado ya se habrán comunicado con él para que les facilite las informaciones de rigor relacionadas con esta temeraria denuncia. Estamos hablando de intentar hacer fracasar un torneo electoral que se traduce en un atentado frontal al sistema democrático. Rosario, esa noche se comportó como un solemne irresponsable. No hay otro adjetivo que podamos emplear aquí.

El presidente de la JCE, en su penosa intervención trató de endilgar a los partidos políticos de oposición la culpabilidad de las principales deficiencias del proceso eleccionario. Observó que éstos quieren justificar en otros su derrota electoral, que tienen la costumbre de culpar al árbitro cuando pierden. Sin embargo, en su discurso él utilizó el mismo comportamiento que criticó a los partidos, es decir, culpar a otros del fracaso del proceso del cual él era el primer responsable. Pareciera que buscar chivos expiatorios está de moda en funcionarios estatales y políticos dominicanos.

Si el montaje de las elecciones fue una muestra del bajo desempeño de parte de Rosario, esta alocución no fue menos desastrosa que aquel. Confieso que en algún momento sentí pena por este hombre que se cree capaz de tocar el cielo con sus propias manos y que está por encima del bien y del mal. Pero viéndole en esa noche, y recordando que éste era el primer gestor de un proceso que estaba evidentemente muy por encima de sus capacidades, era claro que esa alocución fue un desesperado e inútil intento de ocultar toda su mediocridad. Cuando llega la hora de demostrar nuestras auténticas habilidades la arrogancia no cuenta, solo cuenta nuestra verdadera capacidad.

De un funcionario que en algún momento lo vimos lleno de seguridad y de arrogancia, dando repuestas a todas las interrogantes con un verbo que impresionaba, esa noche sólo vimos a un hombre nervioso, con una ridícula dicción, impreciso, repitiendo en varias veces las mismas ideas, vimos un hombre que empleó casi una hora lo que pudo haber dicho en 15 minutos, pero peor, no dijo nada que la población ya no conocía. Si aún las elecciones mantenían dudas sobre la mediocridad de este hombre, esta penosa alocución lo confirma.

Me inquieta saber si el senador Reinado Pared aún tiene la intención de confirmarlo en su cargo como juez presidente de la JCE.

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