En estos días el señor Báez ha sido torpe, destemplado, insípido, poco educado, brabucón, con evidente ausencia de una inteligencia conceptual y emocional, se asemeja a un auténtico fenómeno de mal gusto de circo barato y anacrónico. Y con semejante perfil ocupara un curul en el Congreso Nacional a partir del 16 de agosto próximo.

Desde hace varios días Elías Báez, el diputado electo por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) en el Distrito Nacional, es el último miembro en distinguirse en la fauna de la política nacional.

Siempre se ha abogado para que al Congreso de la República lleguen personas jóvenes, esto con la esperanza de que lleven allí una renovada visión de lo que es hacer política y, además, que representen los sentimientos y aspiraciones de las nuevas generaciones que en algún momento se harán cargo de la cosa pública. De igual forma, y quizás más importante, esperamos que estos nuevos actores de la política criolla se abstengan de cometer los mismos errores que cometieron sus antecesores. Sin embargo, está claro que en sí misma la juventud no garantiza que tengamos la capacidad, o la intención, de evitar caer en las mismas inconductas que hemos visto a tantos otros practicar como normas de comportamiento a través de los años. Y el señor Elías Báez es un penoso ejemplo de ello.

Y es que la medicina nos ha salido peor que la enfermedad con este joven político, abogado, ex procurador fiscal, master en derecho constitucional y en derecho administrativo y empresario, todo esto según se indica en su cuenta de Facebook. A pesar de semejante perfil este muchacho se ha comportado como el niño malcriado que nunca recibió una adecuada educación en la calidez de su hogar, y si la recibió, evidentemente la ha olvidado.

Las personas tenemos cosas que siempre nos acompañan, que nos resulta difícil liberaros de ellas. Es lo que ocurre con nuestra actitud, educación, formación, también con nuestras debilidades, flaquezas y mezquindades. Todo esto lo cargamos tal una mochila en nuestra espalda, la transportamos a donde quiera que vamos, e incluso, naturalmente, al Congreso Nacional.

En estos días el señor Báez ha sido torpe, destemplado, insípido, poco educado, brabucón, con evidente ausencia de una inteligencia conceptual y emocional, se asemeja a un auténtico fenómeno de mal gusto de circo barato y anacrónico. Y con semejante perfil ocupara un curul en el Congreso Nacional a partir del 16 de agosto próximo. Yo me atrevo a sugerir que, como un gesto simbólico, al señor Báez le asignen el mismo curul que ha estado ocupando el saliente y honorable diputado por la provincia de La Vega, el señor Radhamés Ramos García (alias, El “Chino”). Y es que parecería que entre ambos las únicas diferencias son los años vividos y que éste no es tan contestatario como Báez. Y si a Ramos le llamamos “El Chino” porque como todos recordamos se le imputó que traficaba con ciudadanos chinos indocumentados, a Báez a partir de ahora podemos llamarlo “El Armao”. ¿Les parece adecuado Elías Báez “El Armao”?

Y estos adjetivos penosamente no le ajustan precisamente por publicaciones a la cual debe su triste popularidad. No, nada de eso. Todos sabemos que las personas que somos asiduas a publicar en redes sociales en cualquier momento podemos colocar allí una imprudencia o un desacierto. En el caso de personas anónimas, con 100 ó 200 seguidores en sus cuentas, cual es mi caso, lo resolvemos simplemente borrando la publicación. En el caso de una figura pública como él, con una simple excusa lo hubiera resuelto. Sin embargo, si sus publicaciones fueron desacertadas, la reacción que Báez ha tenido ante las críticas a éstas han sido peores.

Vamos a ver. Este diputado electo ha estado recomendando a los ciudadanos que se “armen hasta los dientes” cómo única forma de protegerse de la delincuencia. Si todos los dominicanos nos armemos para enfrentar la criminalidad, ¿para qué legislar leyes contra la delincuencia misma? ¿Para qué reformar la Policía Nacional (PN)? ¿Para qué promover leyes que reduzcan la inequidad y la pobreza y con ellas la delincuencia callejera? Nada de esto sería necesario, pues. Si un legislador entiende que la solución es que los ciudadanos anden “armao”, lo que debe promover en el Congreso es que se facilite la venta y tenencia de armas de fuego a la población, que éstas se vendan en los supermercados, que pistolas y balas las encontremos en las góndolas de las tiendas La Sirena y de Jumbo y que se anuncien en los medios de comunicación especiales de precios los fines de semanas. Hay que ser consecuente, ¿no?

Ese señor en los próximos días comenzará a votar leyes, se asume que será un garante de la viabilidad de éstas y de todo el régimen legal que rige el Estado Dominicano, y en este Estado hay organismos que están encargados de velar por la seguridad pública de todos los ciudadanos. Sugerir a la población a armarse contra los delincuentes es traspasar esas funciones a cada ciudadano de manera individual, e implícitamente (no estoy seguro que Elías Báez entienda lo que significa “implícitamente”) a la población a tomar la “justicia en sus propias manos”, y estos, señores, es tan peligro como jugar con fuego, fuego con el cual todos podemos quemarnos.

Es lo mismo que el alcohol. ¿Qué ejemplo le envía un legislador a sus votantes cuando hace alarde de que porque “tiene cuarto” puede comprarse unas cuantas botellas de un Chateauneuf-de-Pape y unas cuantas cajas de Johnnie Walker Gold Label, donde cada unidad del escoses cuesta más de lo que gana un policía en todo un mes de trabajo enfrentado a los delincuentes? ¿Es mínimamente adecuado que un legislador le sugiera a la población mezclar alcohol con armas de fuego? ¿No es de eso de lo que se trata, no es eso lo que él invita a los dominicanos, a “andar armao, bebio y con cuarto”? Si la inclinación del señor Báez son las rimas de canciones de música urbana, debió dedicarse a cultivar este género musical, no a ser político y menos a legislar leyes.

Todos sabemos que muchos dominicanos usan armas de fuego y consumen alcohol. También sabemos que todos nos sentamos en el inodoro en algún momento del día (perdón por este ejemplo tan poco higiénico). Pero, ¿sería elegante que Elías Báez publique fotos de él sentado en su confortable inodoro? A mí me parece que no. No todo lo que hacemos en nuestra vida cotidiana podemos publicarlo en nuestras redes, aún tengamos el derecho a ello, y esto no nos convierte en persona con doble moral, sino en personas con sentido común y con sentido de la prudencia. Prudencia, señor Báez, prudencia.

Después de todo esto tenemos que mirar hacia su partido, hacia el partido que lo postuló después que éste tuvo una abrupta salida del gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el PRM tuvo la fabulosa idea de acogerlo en su seno. Incluso, fue el mismo Luis Abinader quien lo juramentó en su “nueva casa”. Pero yo les pregunto a los dirigentes del PRM, quienes han prometido una nueva forma de hacer política: ¿es con semejantes sujetos que el PRM pretende cambiar la política dominicana? ¿Es esa la promesa cumplida de adecentar nuestra política? ¿Representa el diputado electo los lineamientos de un partido que se reputa a sí mismo como “moderno”?

Si en el PRM hubiera inteligencia política, y en realidad espero que la haya, debería distanciarse de la actitud de este señor, al menos por un comunicado, una amonestación pública o un fuerte llamado de atención por las sandeces de su congresista electo. Lo que deberían hacer es expulsarlo, como muestra de un infalible ejemplo de su real intención de adecentar la maltrecha actividad política dominicana. Pero, eso es un exceso de optimismo de cualquiera que lo espera.

Esto es lo que muchas veces sucede a los partidos políticos cuando recogen los desechos que otras organizaciones no quieren.

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