Balaguer sabía los peligroso que es para un gobernante no tener organismo que le sirvan de control a sí mismo y a su administración. Fue por esto que él siempre se cuidó del totalitarismo que Medina persigue cual un borracho busca la botella. Y es que el poder embriaga hasta obnubilar los sentidos.

En días reciente el organismo de más poder político en República Dominicana, nos referimos al Comité Político (CP) del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha decidido imponer como presidenta de la Cámara de Diputados a Lucia Medina Sánchez, cariñosamente conocida como “Yomaira”, quien es hermana del presidente de la República, Danilo Medina Sánchez.
Esta acción política me hace recordar un ejemplo reciente. Kenji Fujimori, hermano de la ex candidata a la presidencia de Perú en las elecciones de junio pasado, Keiko Fujimori, quien ya había ganado su reelección a su puesto en el congreso de ese país y que al ser el diputado más votado le correspondía la presidencia del congreso. Sin embargo, Kenji había advertido que si su hermana ganaba las elecciones presidenciales el no ocuparía la presidencia congresional, esto como una forma de respetar el equilibrio de los poderes del Estado. Qué diferencia con lo que ocurre en República Dominicana; qué diferencia en los comportamientos políticos entre los hermanos Fujimori y los hermanos Medina. Y no podemos engañarnos, los primeros no han hecho nada extraordinario, nada que sea necesario relucir, simplemente es un comportamiento “políticamente correcto”. No sé en cual otro país del mundo en que funcione una democracia, un familiar directo del jefe del Estado preside una cámara legislativa. Me parece que somos el único con semejante desproporción.
De acuerdo con nuestra Constitución el Estado Dominicano está regido por tres poderes, a saber, el poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial. El poder legislativo es el creador de las leyes que rigen el Estado y, por tanto, indican los límites que debe tener el poder ejecutivo, es de alguna manera un fiscalizador y un control del poder ejecutivo, una especie de “freno” ante cualquier intento de exceso de sus atribuciones. De hecho, el primer poder el Estado es el poder legislativo.
La división de los poderes para equilibrar las funciones de cada poder no es una invención del legislador criollo. Nada de eso. Desde el siglo XVIII John Locke ya había dejado claro la necesidad de poner límites a cualquier intento de absolutismo que se pareciera a una monarquía. Y es a partir de estos criterios que la elección de un familiar directo de un jefe de Estado para dirigir un congreso es un acto de una gravedad que pocos dominicanos parecen advertir.
Si la Cámara de Diputados debe fungir como un mecanismo de control a Danilo Medina, ¿es correcto que sea su hermanita que presida este organismo? Si por alguna eventualidad el presidente comete alguna indelicadeza, alguna violación a la ley, de cualquier tipo, y se viera sometido un juicio político ¿cuál sería la actitud de su hermana? ¿Defendería ella a la ya malograda institucionalidad del Estado o se pondría del lado de su hermano? Lucia Medina, siendo presidente de la Cámara de Diputados tendrá un puesto en el Consejo Nacional de la Magistratura, es decir, un voto, que este año tiene que iniciar los cambios pertinentes en las conformaciones de las altas cortes. ¿Creen ustedes que no hay la posibilidad de que los hermanos Medina no se confabularan para elegir lo más agradable para ellos, lo que más se ajuste a sus intereses?
En estos días he escuchado muchas voces que alegan que Medina, la hermana, tiene 10 años siendo vicepresidenta de esa cámara y que cuenta con los méritos y capacidades suficientes para fungir como presidenta. Pero, por amor de Dios, no es un tema de qué sí ella tiene o no méritos, es un tema de respetar la institucionalidad del Estado, de respetar el equilibrio de sus poderes. El tema no es ella, es él, el Estado Dominicano.
Joaquín Balaguer, hombre que disfrutaba el ejercicio del poder más que cualquier otra cosa, en los momentos en que las circunstancias le hubieran permitido controlar todos los poderes del Estado, siempre mantuvo cierto distanciamiento de todo lo que pudiera parecer absolutismo. De hecho, Danilo Medina fue presidente de la Cámara de Diputados en una de las administraciones de Balaguer, en un momento donde este presidente sin mayor inconveniente pudo haber colocado a personas que respondieran a sus lineamientos. Pero el anciano estadista, que había vivido desde dentro el absolutismo de la dictadura de Trujillo, era un hombre con un nivel de prudencia que Danilo Medina no tiene. Balaguer sabía los peligroso que es para un gobernante no tener organismo que le sirvan de control a sí mismo y a su administración. Fue por esto que él siempre se cuidó del totalitarismo que Medina persigue cual un borracho busca la botella. Y es que el poder embriaga hasta obnubilar los sentidos.
Ahora bien, no estoy muy seguro de que los dominicanos debemos quejarnos de esta actitud de nuestro presidente, porque él tiene cuatro años diciéndonos quién es en realidad, en más de una ocasión y de manera fehaciente se ha presentado a su electorado en su justa dimensión, es decir, un hombre con un insaciable deseo de controlar todo. Y la mayoría del pueblo le regaló un 60%. Entonces, ¿por qué nos quejaríamos?

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