Cada vez que un toro mata a un torrero lo hace por instinto de conservación, lo hace como defensa ante un hombre que le está hiriendo y que bajó a la arena a matarlo. El toro mata al torero para sobrevivir; el torero mata al toro por pura y cruel diversión. No hay firma de justificar esto. No son una autentica una vergüenza, no solo a España, sino para todo el género humano.

En este fin de semana el torero español, Víctor Barrio, murió en la arena como consecuencia de una cornada en el pecho. Las redes sociales de importantes diarios españoles se han llenado de comentarios de esta penosa noticia. Los clásicos enfrenamientos entre los taurinos y sus adversos no se hicieron esperar, y como siempre son muy virulentos.

Aunque en muchas partes del mundo se realizan corridas de toros (no en todas está involucrada la muerte del animal) siempre suelo pensar en España cuando me refiero a éstas. Y es que sabemos que estos espectáculos son un elemento cultural severamente arraigado en las tradiciones de algunas regiones españolas. Sin embargo, hay actividades que necesariamente debemos verla al margen de lo que puede ser considerado como “elemento cultural”. Las corridas de toros es una de ellas. Esto así, porque los cánones morales que tenían los antepasados que instauraron estas costumbres son muy disimiles a los que hoy tenemos. Y no se trata, nada en lo absoluto, de juzgar a nuestros antepasados, sino más bien de que las actuales generaciones debemos entender que algunas cosas que antes eran aceptadas, hoy día ya no pueden, no deber ser.

Un ejemplo de ello son los circos con animales. Estos circos eran distracciones que todos apreciábamos, que a todos nos divertían. Pero en la medida en que se hicieron evidentes los mecanismos crueles que se empleaban para “adiestrar” a esos animales para que nos hicieran reír, estos espectáculos comenzaron a ser mal vistos. Por ejemplo, en algún momento a los osos de los circos les arrancaban toda la dentadura para hacerlo menos peligrosos; era a fuerza de látigo que los gigantes elefantes “aprendían” sus secuencias; a los amínales que se equivocaban en sus números eran azotados luego de terminada la función; los animales viejos eran sacrificados o abandonados. ¿Se imaginan ustedes aquello? Una vez todas estas prácticas se hicieron de conocimiento general, los circos comenzaron a ser mal vistos y hoy día es una actividad poco o nada atractiva, e incluso, están siendo prohibidas en algunas partes del mundo.

Los toros españoles no han tenido tanta suerte, pues las corridas siguen siendo todo un espectáculo.

Los taurinos defiende a capa y espada las corridas de toros definiéndola como un arte, deporte, espectáculo cultural y algunos otros eufemismos más. Pero resulta, que ningún término que empleemos puede ocultar lo que realmente pasa en la arena, cuando hombre y animal se enfrenta uno al otro en una desigual lucha a muerte, donde miles de personas parecen disfrutar la lenta y sangrienta agonía de una bestia que al no entender lo que ocurre allí, actúa sólo por su instinto de supervivencia, mientras que el hombre que lo enfrenta actúa por crueldad.

La primera mentira de los toreros es decir que es una lucha en igualdad de condiciones entre el toro y el torero. Veamos algunos hechos. Los “toros para la lidia” (tal y como llaman elegantemente a los que son criados para el torero) días antes de la corrida son encerrados en ambiente oscuro, poco o nada alimentados, con poca o nada de agua, les recorte de los cuernos y horas antes se le induce a tener diarrea para debilitarlos.

Cuando llega el momento de salir al público el animal sale todo apresurado y aparentemente lleno de energías. Pero verdad está asustado por el ambiente de escándalo que encuentra y la luz que lo pone nervioso. Recordemos que segundos antes había estado encerrado en un ambiente oscuro. Luego de esto, uno de los asistentes, por llamarlo de alguna manera, del torero, llamado “el picador”, clava en el lomo del animal una lanza que le lesiona severamente los nervios y músculos. Igualmente le clavan banderillas en el mismo lugar dónde ya ha herido, aumentando la pérdida de sangre y consiguiendo de esta manera que el animal sufra un constante dolor y desgaste de su fuerza.

Con semejante trato el animal ya está severamente estropeado y el peligro que representa para el héroe de la tarde, para el torero, se ha reducido considerablemente.

Y es en estas condiciones que el torero se enfrenta al toro. ¿A esto podemos llamar igualdad de condiciones? ¿En serio creen que el resultado de la lucha entre toro y torero sería el mismo si el animal saliera al ruedo en plenitud de facultades? ¿Creen que si los toros salieran a la arena sin semejante maltrato los toreros fueran tan valientes, tan viriles? Claro que no.

Es en esta desigual condición que el torero cobra su notoriedad y sus euros, dando al ya maltrecho animal una muerte larga, dolorosa y sangrienta. Y a esto quieren llamarlo espectáculo cultural, arte o deporte. ¿Todo esto es considerado arte? ¿Son realmente los toreros súper hombres que se enfrentan a una bestia feroz en igualdad de condiciones? ¿Es un arte abusar de la superioridad para acabar con la vida de un ser vivo para diversión de algunos? ¿Realmente alguien puede considerar un arte causar ese grado de sufrimiento a ser vivo?

Esto es un crimen, es uno de los tantos vestigios que el hombre conserva de los tiempos de barbarie, de injustificable crueldad. No hay manera, medianamente razonable de justificar las corridas de toros.

No es que nos alegremos de la muerte de un torero en la arena, pero yo pregunto ¿qué haría usted si alguien por gratuita diversión atenta contra su vida? ¿Qué haría usted si fuera “el toro”? Cada vez que un toro mata a un torrero lo hace por instinto de conservación, lo hace como defensa ante un hombre que le está hiriendo y que bajó a la arena a matarlo. El toro mata al torero para sobrevivir; el torero mata al toro por pura y cruel diversión. No hay firma de justificar esto. No son una autentica una vergüenza, no solo a España, sino para todo el género humano.

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