“Las fronteras son cosas que en nuestras mentes deben desaparecer. Aunque haya fronteras y documentos, pasaportes, para distinguir lo que son los países, en la mente de todo ser humano debe estar este concepto de que somos una familia”. Monseñor Francisco Ozoria Acosta

El pasado 4 de julio el Vaticano anunció oficialmente que monseñor Francisco Ozoria Acosta (64) ha sido designado arzobispo metropolitano de Santo Domingo, en sustitución del cardenal monseñor Nicolás de Jesús López Rodríguez. El nombramiento del sustituto de López se estaba esperando hacía meses, pero la elección de Ozoria Acosta ha sorprendido a más de uno, entre quienes me incluyo. Y es que Ozoria no era de los nombres que se perfilaban como favoritos en la ya terminada carrera por el puesto.

Su elección ha despertado ciertos temores en sectores conservadores del país por sus enfoques del tema de la inmigración haitiana en República Dominicana. Y es que su prontuario de posiciones en esto es más que preocupante. Veamos sólo algunos pequeños ejemplos.

Ha sido monseñor Ozoria Acosta uno de los más acérrimos defensores del controvertido padre Christopher Hartley Sartorius. ¿Lo recuerdan? Fue el sacerdote anglo-español que entre los años 1997 y 2006 estuvo radicado en San José de Los Llanos, municipio de San Pedro de Macorís. Hartley siempre estuvo ligado a conflictos y escándalos en el país, siendo uno de los más controversiales cuando en octubre del 2005 consiguió el desalojo de 26 familias dominicanas de igual número de viviendas construidas por el Gobierno de entonces y que estaban destinadas a los damnificados del huracán Georges en el batey Gautier. Una vez los dominicanos fueron sacados del proyecto el padre Hartley tomó control del mismo y se las entregó a residentes haitianos del mismo lugar. Monseñor Ozoria Acosta apoyó esto. El caso terminó en juicio y en enero de este mismo año, tanto él como el mismo Hartley fueron citados a declarar como testigos en una de las audiencias del mismo.

El caso por el cual Hartley es más recordado en el país es por sus denuncias de la situación de una supuesta “franca esclavitud” en la cual vivían los haitianos que trabajaban en los bateyes de la zona y que en 2007 fue expuesta al mundo en un documental llamado The Price of Sugar. Este difamatorio material sirvió como punta de lanza para desatar sobre el país uno de los más virulentos ataques por supuestas violaciones de Derechos Humanos contra braceros haitianos de la región este. Monseñor Ozoria Acosta apoyó el documental y la campaña misma.

Ha sido monseñor Ozoria Acosta quien en marzo 2012 dijo que “las fronteras son cosas que en nuestras mentes deben desaparecer. Aunque haya fronteras y documentos, pasaportes, para distinguir lo que son los países, en la mente de todo ser humano debe estar este concepto de que somos una familia”.

Ha sido monseñor Ozoria Acosta un fuerte crítico de la Sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional referente al régimen de ciudadanía y fue de los que se unió al coro de voces que denunciaban la condición de apátridas que tal sentencia estaba provocando a supuestos dominicanos de descendencia haitiana. En diciembre del 2014 fue Monseñor Ozoria Acosta de los obispos firmantes que le dirigieron una carta al presidente Medina presionándolo para que se aprestara a introducir una ley de naturalización de esas poblaciones. Esto en evidente violación a lo evacuado por el Tribunal Constitucional.

Es este, no otro, quien se convertirá en el jefe de la Iglesia Católica del país y en estos puntos la designación de Ozoria Acosta se perfila como un radical cambio de rumbo con relación a las posiciones en defensa de los intereses del país que siempre ha mantenido el cardenal López Rodríguez.

Hace varios días, el señor Vinicio Castillo Semán ha dicho “el hecho de que él haya tenido una posición, diríamos de solidaridad en un momento dado, por los inmigrantes haitianos, no me lleva a mí, particularmente, a forjarme un juicio de lo que será su labor como nuevo arzobispo”. Pero todo sabemos, y Castillo más que nadie, que estas declaraciones no son más que un ejercicio de diplomacia, porque estamos perfectamente conscientes del derrotero por el cual Ozoria Acosta intentará llevar a la Iglesia al momento de asumir su puesto.

Y apenas este martes 12 de julio éste ha comenzado a despejar cualquier duda que pudiera existir en tal sentido. Esto al declarar que valora como positiva la prórroga de un año otorgada por el Gobierno a los extranjeros que se carnetizaron durante Plan Nacional de Regularización y que sus permisos de residentes estaban a punto de vencerse. Medida esta que es a toda luz inconstitucional. “Creo que los inmigrantes deben ser siempre merecidos con medidas de ese tipo”, indicó el nuevo arzobispo metropolitano.

La designación de Ozoria no es gratuita y está en absoluta consonancia con las posiciones del papa Francisco sobre la migración, y asumidas en el marco de la crisis de inmigrantes que en estos días vive Europa. No olvidemos, además, que en su momento el propio papa dio muestra de descontento por el comportamiento de la cúspide de la Iglesia Dominicana (léase López Rodriguez) en ese sentido. Sería una ingenuidad dejar de vincular este nombramiento con las posiciones del obispo de Roma.

Son estos, no otros, los motivos por los cuales estamos preocupados con la designación de Ozoria Acosta los ciudadanos que defendemos los intereses de la dominicanidad frente al desorden, a la locura que es la inmigración haitiana en el país. Que no vengan con tonterías baratas de que estamos irritados por el nombramiento de un hombre negro, humilde y de provincia en el máximo puesto de la Iglesia Católica Dominicana. Esas son manipulaciones baratas que no podemos aceptar. El problema de monseñor Francisco Ozoria Acosta es que sus posiciones lo definen como un auténtico pro haitiano, el problema es que cuando él ha tenido la oportunidad de defender los intereses dominicanos frente a los haitianos, siempre ha preferido los intereses que están al otro lado de la frontera, frontera que, por cierto, él sugiera eliminar.

De manera que debemos estar preparados para presenciar un vuelco en la Iglesia Católica en el tema haitiano, y aunque hoy muchos dicen celebrar la salida del cardenal López Rodriguez serán más los que mañana extrañaremos su siempre aguerrida defensa por la dominicanidad.

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