Muchos dirigentes de nuestra Iglesia Católica que estos días defiende la integridad y los derechos de los no nacidos con un entusiasmo que impacta, son los mismos que no defendieron la integridad ni los derechos de unos ya nacidos que aún eran menores de edad al momento de ser violados por el nuncio, Jozef Wesolowski, en la misma sede de la nunciatura, son los mismos que guardaron silencio sobre las correrías de este pedófilo cocainómano y que eran de conocimiento de ellos. Pero ahora, son esos mismo pulcros varones que van al congreso y se valen de dos honorables diputados de un partido opositor para depositar documentos que reclaman respeto al derecho a la vida.

En esta semana recién finalizada en República Dominicana ha retornado al ruedo del debate el tema del aborto, esto a raíz de la aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto ley que modifica el Código Procesal Penal, donde se mantiene la penalización de éste bajo cualquier modalidad.

Este proyecto ha tenido su peregrinaje. Fue aprobado por la misma Cámara de Diputados en noviembre del 2014 y mantenía la prohibición al aborto, no permitiéndolo ni siquiera en los casos en que la vida de la mujer corre peligro, cuando es consecuencia de violación o incesto ni cuando el feto tenga malformaciones incompatibles con la vida. Tal y como los procedimientos constitucionales ordenan, el proyecto aprobado fue enviado al Poder Ejecutivo para su promulgación, pero el presidente Danilo Medina lo devolvió al Congreso Nacional observando los artículos relacionados con el tema del aborto, a fin de que los legisladores introdujeran las excepciones en que, a entender del presidente, el aborto debía ser permitido. A saber, cuando la vida de la mujer corre peligro, cuando el feto tenga malformaciones incompatibles con la vida o cuando la mujer haya sido víctima de violación o incesto.

En enero del 2015 la Fundación Justicia y Transparencia, la Fundación Transparencia y Democracia y la Fundación Matrimonio Feliz sometieron ante el Tribunal Constitucional un recurso de una acción directa de inconstitucionalidad contra el proyecto de modificación del Código Penal Dominicano, al considerar que las reformas sugeridas por el Poder Ejecutivo, referente a permitir el aborto en las circunstancias antes descritas, violan el artículo 37 de la Constitución de la República sobre el derecho a la vida.

En diciembre del mismo año el Tribunal Constitucional declaró como buena y válida la acción directa de inconstitucionalidad hechas por las fundaciones antes citadas y declarando como inconstitucionales, no sólo las modificaciones sugeridas por el ejecutivo, sino el Código mismo.

Y este martes 19 de julio del 2016 la Cámara de Diputados aprobó las modificaciones al Código Procesal Penal sin las modificaciones sugeridas por el presidente Medina. El proyecto ahora ha pasado al Senado de la República y está a la espera de votación. Mientras tanto nos mantenemos en la lista de los seis Estados del todo el mundo que prohíben el aborto en cualquier circunstancia, a saber, la Santa Sede, Chile, El Salvador, Malta, Nicaragua y República Dominicana.

El aborto, a pesar de ser una realidad en todas las sociedades del mundo, es un asunto siempre controversial, un tema donde confluyen aspectos médicos, legales, religiosos y sociales. Es, sin duda alguna, un tema complejo, y si tenemos el interés de ser objetivos, hay que tener sumo cuidado abordándolo.

En estas discusiones existen dos grupos agriamente enfrentados: los que propugnan por la prohibición pura y simple y los que propugnan por la permisibilidad pura y simple. Aquellos justifican su oposición con argumentos puramente religiosos; éstos apoyan su permisibilidad sobre la base del “derecho de la mujer de decidir sobre su cuerpo”.

Los opositores al aborto plantean que desde el momento de la concepción hasta la muerte la vida es sagrada, que es un regalo de Dios a los hombres y que nosotros nunca debemos disponer de ella. Por esta “razón” (las comillas no son gratuitas) ningún congreso puede legislar para permitir a sus ciudadanos terminar una vida humana en el vientre de la madre, ni siquiera basado en alegatos como el de las circunstancias en que haya ocurrido ese embarazo, aún éstas no sean voluntarias o ideales. Afirman, que el derecho a la vida también le corresponde a la criatura que se está formando, que también le corresponde a los “no nacidos”. Es por esto que las organizaciones de carácter religioso asumen que el aborto es, en cualquier circunstancia, un crimen, un gran pecado.

Como dijimos más arriba, el aborto es una inocultable realidad en todas las sociedades, y República Dominicana no escapa a esa realidad. Como muestra de esto, el mismo día que nuestros honorables diputados aprobaron el Código Procesal Penal, en el Municipio de Santo Domingo Este aparecieron seis fetos en una funda plástica. ¿Debería esto sorprendernos? No, nada en lo absoluto. En ese hecho lo único que debe llamar la atención es el descuido de la persona de dejó en un lugar inapropiado la evidencia de la ocurrencia de un hecho que, a pesar de ser cotidiano, es ilegal. Pero es una clara muestra de que es una ingenuidad pensar que la prohibición total del aborto reduciría o impediría su práctica. Lo que esto produce es la permanencia de las prácticas ilegales, el incremento de las muertes de mujeres sometidas a abortos sin las condiciones médicas adecuadas y un incremento de los precios. Esto es lo único que podemos esperar de esta acción legislativa. Nada más.

Criticar y condenar a una mujer que ha decidido interrumpir un embarazo es fácil. Sólo hay que dar riendas sueltas al verbo y mandar de vacaciones a la razón y el sentido común. Y es que es necesario ver cada caso de manera particular, porque ¿cómo podemos pedirle a una mujer que ha sido violada por varios hombres, como ocurre con cierta frecuencia en nuestro país, que si resulta embarazada tenga ese hijo? ¿Cómo a una niña de sólo 10 años, y que ha sido violada por un familiar directo, padre o hermano, y que ha resultado embarazada, le podemos explicar que debe tener ese hijo porque el aborto es pecado y qué esa es la “voluntad de Dios”? ¿Quién se animaría a explicar esto a esa niña? ¿Su profesora de catecismo? ¿Alguien puede ayudarme con estas inquietudes? Porque, para ser honesto, no veo manera de cómo entender las posiciones de estos grupos de defensores de la moral y la fe cristiana.

En ese mismo orden, en los casos donde los estudios médicos 100% confiables indican que la mujer está gestando una criatura que sufre, por ejemplo, de anencefalia, es decir, que el bebé que se está formando padece de una malformación cerebral congénita caracterizada por la ausencia parcial o total del cerebro, cráneo y/o cuero cabelludo, ¿qué sentido tiene continuar con este embazo? ¿Por cuál razón mujer alguna debe someterse a continuar con un embarazo cuando hemos confirmando, hasta la triste saciedad, que ese bebé sería dado a luz con condiciones que son incompatibles con la vida, que va a morir a los pocos minutos de nacer? ¿Cómo le exigimos a una mujer que continúe con un embarazo que implica un alto riesgo para su vida? Si esto no es una crueldad, que alguien me diga qué es.

Esta prohibición que una parte de nuestros legisladores sugieren mantener en República Dominicana, me hace recordar uno de los textos constitucionales más crueles que he leído en mi vida. En Chile, uno de los países que en algún momento tuvo una de la legislación antiaborto más restrictiva del mundo, la Comisión Constituyente del día 14 de noviembre de 1974 sentenciaba: “La madre debe tener el hijo, aunque este salga anormal, aunque no lo haya deseado, aunque sea producto de una violación o, aunque de tenerlo, derive su muerte”. Esta posición, señores, es la misma que 41 años después de aquella experiencia chilena, aún pretende mantener el legislador dominicano.

Por otra parte, los grupos que se oponen al aborto son los mismos que se oponen a la educación sexual en escuela y, muchos más, a la distribución de anticonceptivos y preservativos a menores de edad, cuando todos estamos conscientes de que nuestros jóvenes se están iniciando a muy tempranas edades en los placeres más antiguos de la carne, y que nada ni nadie lo va a impedir, nada ni nadie hará que las cosas vuelvan a ser como eran hace 30 años. Me produce una sensación de risa y rabia escuchar a curas y pastores proponer involucrar a nuestros adolescentes en la fe cristiana, en la fe en Cristo, como un eficaz método para que nuestros jóvenes lleguen vírgenes al matrimonio. Esto es algo peor que absurdo, es una falta de respeto a la inteligencia humana.

Lo que es una ironía, es que muchos dirigentes de nuestra Iglesia Católica que estos días defiende la integridad y los derechos de los no nacidos con un entusiasmo que impacta, son los mismos que no defendieron la integridad ni los derechos de unos ya nacidos que aún eran menores de edad al momento de ser violados por el nuncio, Jozef Wesolowski, en la misma sede de la nunciatura, son los mismos que guardaron silencio sobre las correrías de este pedófilo cocainómano y que eran de conocimiento de ellos. Pero ahora, son esos mismo pulcros varones que van al congreso y se valen de dos honorables diputados de un partido opositor para depositar documentos que reclaman respeto al derecho a la vida.

Los grupos que defienden la permisibilidad del aborto pura y simplemente son organizaciones feministas, aquellas que se autodefinen de corte liberal y moderna. La principal sustentación de sus argumentos, como ya hemos planteado, es el derecho a que la mujer tiene a decidir sobre su cuerpo en la manea que ella entienda conveniente. Defienden la autonomía reproductiva de la mujer que se traduce en la posibilidad de decidir libre y responsablemente si opta por la maternidad o no, cuando y con quién, o interrumpir un embarazo no deseado. Dicen que el aborto es una decisión personal que debe respetarse en base al reconocimiento de los derechos fundamentales de las mujeres.

Esto no es, en verdad, tan simple. Si la posición de los religiosos es alarmantemente irracional, las de muchos grupos que propugnan por el aborto no es más racional que aquellas. Y es que, señores, los extremos son posiciones peligrosas y pocas veces objetivas.

Creo que para los abortos electivos deben regir reglas y protocolos estrictos, donde el tiempo de gestación sea el elemento determinante para la permisibilidad o no del procedimiento, y una vez este período haya terminado no debe ser aprobado un aborto electivo. En muchos países el tiempo tope son las 24 semanas de gestación, esto así porque en ese momento aún el feto no ha desarrollado su sistema nervioso y no siente dolor, está biológicamente sedado. Sin embargo, en otras naciones ese período es de sólo 12 semanas.

Por otra parte, hay un punto que las feministas que defienden a ultranza los derechos de la mujer nunca tocan, y es el derecho que debe tener el padre de la criatura que se está formando. Un embarazo es acto de dos, donde se asume que tanto el hombre como la mujer tienen responsabilidad sobre las consecuencias del hecho, es decir, tienen responsabilidades con hijo que nacería. ¿Tiene derecho la mujer de manera unilateral decidir a interrumpir ese proceso sin el consentimiento del hombre que la embarazó? ¿Si el hombre tiene obligaciones y deberes que cumplir frente a un embarazo, acaso no tiene también derechos? ¿Qué hacer si la mujer desea suspender, pero el caballero se resiste a ello? Ven ustedes, no es tan simple como que “la mujer decide sobre su cuerpo”.

Fui un lector entusiasta de Mafalda y algunas cosas me han quedado de esa chica irreverente. Pocas, pero me han quedado. Al igual que ella me apasiona la política, veo política en todo, hasta en la sopa, la cual odio a morir y me parece, que la sopa es políticamente sospechosa. Mafalda opinaría lo mismo, los dos somos sopofóbicos. Y en este tema no puede dejar de tocar la política. Veamos esto.

El presidente Medina, haciendo gala de su astucia política sugirió cambios al Código Procesal Penal que permitían el aborto en ciertas circunstancias. Pero resulta que el artículo 37 de la Constitución de República dice: “El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte”. ¿Leyeron correctamente que dice “desde la concepción hasta la muerte”? Y antes que este tenemos el artículo 6 que dice que “…Son nulos de pleno derecho toda ley, decreto, resolución, reglamento o acto contrarios a esta Constitución”. Esto dos artículos constitucionales, señores, hacen inviable en el país cualquier posibilidad de legalizar el aborto en circunstancia alguna, y el presidente Medina lo sabía mejor que todos nosotros al momento de enviar al Congreso “sus sugerencias” de modificaciones al Código. Lo único que nuestro presidente buscaba con esto era acercarse a esos sectores liberales, “darle un caramelo” a estos electores en el preciso momento en que ya se estaba gestando su añorada reelección, y como sabía que esto no se aprobaría, los sectores conservadores tampoco podían crucificarlo por algo que no había ocurrido. Y la jugada le salió a la perfección, con tanta perfección que en la votación esta semana todos los diputados del Partido de la Liberación Dominicana, incluyendo lo de la tendencia del presidente, votaron unánimemente por la aprobación del Código. ¿No les resulta extraño que esos diputados de la tendencia del presidente Medina hayan votado en su totalidad en contra una “sugerencia” hecha por el presidente?

Por más que los grupos liberales de nuestra sociedad protesten, griten y pataleen hasta el cansancio, hasta que el artículo 37 no se modifique no tendemos permisibilidad alguna para el aborto. Cada vez que alguien intente introducir algún cambio en nuestra legislación los grupos conservadores, que son muchos y poderosos, van a esgrimir que nuestra Constitución dice lo que dice. Y, ¿saben qué? Ellos tienen razón. Es una pena, pero es la realidad constitucional que nos gastamos.

¿Ven la importancia de involucrarse en temas políticos, la importancia de que las sociedades reclamen al legislador la aprobación de una constitución razonable y de acuerdo a nuestros tiempos? ¿Ven el peligro de enviar al congreso a analfabetos funcionales, a oligofrénicos mentales? ¿Ven ahora la importancia de mantener las religiones alejadas de las leyes?

Nunca he sido fanático, ni nada parecido, de la cantante mexicana Gloria Trevi. Pero aún recuerdo que hace más de dos décadas en una entrevista le preguntaron que si ella estaba de acuerdo con el aborto. Ella dijo “que lo importante no era si ella estaba o no de acuerdo con el aborto, sino, si ella estaba dispuesta o no a practicarse un aborto en alguna circunstancia en particular”.

La respuesta no pudo ser más objetiva, porque al final de la cuenta es esto lo que importa. ¿Saben por qué? Porque como dijo el ilustre Gasset, “el hombre es él y sus circunstancias”. He conocido mujeres y hombres que son verdaderos opositores al aborto, por distintos motivos. Sin embargo, éstos se han visto frente a un embarazo indeseado, y menos aún, planificado, y han optado por la interrupción de ese embarazo. Y es, señores, que cada caso, cada circunstancia es particular, única, y tendríamos que estar bajo la piel de esos que tienen que enfrentar la disyuntiva de abortar o no abortar. Al final de cuentas, esa es la cuestión. De si lo dejamos nacer o no lo dejamos nacer, sin importar si es legal o no.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s