Este pasado viernes 29 de julio leí en una primera plana de un importante diario dominicano una nota de las declaraciones del ministro de Defensa de República Dominicana, el teniente general Máximo William Muñoz Delgado, donde aseguraba que los militares apostados en la zona fronteriza “habían controlado una avalancha de haitianos indocumentados que venía hacia territorio dominicano”. No creo que haga falta decir que esto es un mal chiste de parte de este ministro. Suerte para él que se hizo militar, porque como comediante estuviera pasando hambre.

Y es que Muñoz Delgado sabe mejor que nadie que allí lo que realmente ocurre es un tráfico humano de proporciones casi formales. Ya nadie se alarma por la sencilla razón de que la frontera domínico-haitiana hace años dejó de existir, sólo vive en las reseñas de prensa y declaraciones oficiales.

Hace poco visité gran parte de la zona fronteriza y pude notar que casas de familias, propiedades y espacios cercados con ganados vacuno en su interior se encuentran establecidos en espacios compartidos por los dos países. Los mojones (señales permanentes que se ponen para fijar los linderos de heredades, términos y fronteras) que se sembraron en 1937se han convertido en no más que objetos de interés histórico. Nadie los respeta. La frontera dominico haitiana ha desaparecido. Y esto no es un “punto de vista personal”, no es una percepción, es una cruda y muy peligrosa realidad.

El Estado Dominicano tiene importantes problemas que resolver a la sociedad, asignaturas pendientes que ningún gobierno de turno ha afrontado con un verdadero interés de solucionar. Salud, educación, seguridad ciudadana y social, son sólo algunos ejemplos. El problema de la inmigración ilegal haitiana, también lo es. Y ésta no ha hecho más que agravarse con el paso de los años y, como van las cosas, lo único que podemos esperar en el porvenir es que siga incrementándose. Lo que antes era un problema de sólo algunas regiones del país, ahora es de carácter nacional y de mayúscula envergadura.

Parecería que el problema migratorio es imposible de solventar, pero en verdad no es ese el punto, es que nunca ha habido una real voluntad de resolverlo. Este desorden es permitido porque el Estado Dominicano mismo y sectores de poder económico vinculados a los gobiernos de turno se benefician (ambos, Estado y empresarios) de inmigración ilegal como medio de contratación de una mano de obra barata, que es barata no porque sea haitiana, que es barata no porque sea negra, es barata porque es ilegal y es ilegal porque es pobre. Los ricos difícilmente sean ilegales en alguna parte del mundo, y aun lo fueran son bien recibidos, cuando usted es inmigrante rico el color de su piel importa poco o nada. Y tengamos algo claro, si los ilegales fueran chinos, japoneses, norteamericanos o de cualquier otra parte del mundo, pasaría lo mismo. A los empresarios le importan “un pepino” el color de la piel de sus empleados, lo que les importa es que les rindan beneficios.

Además de que los haitianos trabajan por un salario inferior a los dominicanos, tienen un beneficio adicional para los empresarios, un “plus”: no hay que declararlos a la seguridad social. Bueno, realmente es que no pueden ser declarados en la seguridad social porque no tienen los documentos necesarios que le permitan su inscripción allí. Esto, además de ser otra reducción en los beneficios de los trabajadores que les corresponde por ley, también va en detrimento de erario. ¿Cuánto deja de percibir el Estado Dominicano por esta práctica ilegal? ¿Cuántos millones de pesos ingresarían al tesoro público si todos los trabajadores haitianos de la construcción y la agricultura cotizarían en el sistema de seguridad social?

El empleo es la razón de ser de la inmigración ilegal, es el objeto por el cual el haitiano llega al país. Éste viene aquí a buscar lo mismo que busca el dominicano en Estados Unidos: una mejor vida, o dicho de manera más precisa, una vida menos mala, y esta sólo puede obtenerla a través de un empleo, empleo que no encuentran en su nativo Haití.

Hace varios años que el señor Vincio Castillo Semán ha estado observando la imperiosa necesidad de construir un muro fronterizo cómo único medio para controlar la inmigración haitiana. No pocos se han reído de él y de todos los que han apoyado, de una u otra manera, esta propuesta, entre los cuales me incluyo.

Las razones para descalificar el proyecto son de diferentes órdenes. Han dicho los detractores que sería excesivamente costoso, inhumano, innecesario, que no resolvería el problema, que nos haríamos blanco de críticas internacionales, entre otros motivos.

Veamos el tema del costo. Se estima que la posible inversión en la construcción de un muro fronterizo en los 382 kilómetros lineales de frontera domínico-haitiana es de RD$ 12,000 millones. Es una cantidad de dinero muy significativa para un país con tantos problemas que resolver. ¿Se imaginan los hospitales y escuelas que podrían construirse con semejante cantidad de dinero? Muchos. Y si agregamos a esto que las cinco provincias dominicanas que hacen frontera con Haití son de las más pobres y con más necesidades del país, nos hace pensar aún más en la viabilidad de semejante inversión.

Ya sabemos que RD$12,000 millones es el precio de construir el muro, pero, ¿cuánto es el costo de no construirlo? Veamos sólo lo que invierte el Estado Dominicano en la salud de los inmigrantes indocumentados.

Justo la pasada semana el director del Servicio Nacional de Salud (SNS), Nelson Rodríguez Monegro, reveló que el 30% del presupuesto destinado a la parte de atención hospitalaria se invierte en ciudadanos haitianos, lo que en cifras absolutas implica alrededor de RD$5,000 millones del presupuesto de los hospitales que son usados en los inmigrantes haitianos que acuden a los hospitales públicos. ¿Leyó correctamente que escribimos RD$5,000 millones al año? En el mismo orden tomemos en cuenta que sólo en el Hospital José María Cabral y Báez de Santiago el 30% de los partos por cesárea corresponde a parturientas haitianas, que en la frontera tenemos hospitales donde más 60% de la atención es para extranjeros, que tenemos boticas populares donde los haitianos cruzan la frontera a buscar medicamentos regalados y luego regresan a Haití, tal y como un dominicano en Santo Domingo acude a una botica popular a buscar un medicamento y luego regresa a su casa. Claro, que mientras que para aquel extranjero el medicamento es gratis, el dominicano tiene que pagar por éste, y si no tiene el dinero se muere o debe ir a mendigar al programa radial El Gobierno de la Tarde en la Z 101.

Unos de los más primitivos instintos del ser humano, si no el que más, es la supervivencia. Si tenemos una población vecina que no tiene trabajo, ni salud, ni educación, ni comida, que está pasando hambre, pero sabe que a pocos kilómetros tienen posibilidad de encontrar un medio de sobrevivencia, un trabajo, salud y educación gratis para sus hijos, ¿creen ustedes que no van a cruzar esa supuesta frontera, no va a buscar una vida menos mala que la que tiene en su país? Lo único que podemos esperar es que “crucen a este lado” como un medio para sobrevivir.

Pero resulta que República Dominicana es un país pobre, seremos menos pobre que Haití, pero seguimos siendo pobres, y sería un suicidio para nosotros como Estado intentar ayudar a los haitianos más allá de nuestras escasas posibilidades. Y en verdad eso es lo que estamos haciendo. Estamos asumiendo una responsabilidad que sobrepasa a nuestras posibilidades como Estado. Por esto se imperativo que busquemos mecanismos efectivos que limiten la entrada de ilegales al país y un muro es la única posibilidad de ello. Si no hacemos este muro la inmigración ilegal no se mantendrá en los niveles que se encuentra en estos momentos, se incrementará con el paso de los días. Mientras más problemas tanga Haití, mas haitiano ilegales tendremos en República Dominicana. Esto es tan simple como agua.

Los muros fronterizos no son una invención moderna. Desde antes de la creación del Estado el hombre se ha refugiado tras empalizadas o murallas para defender lo que considera su territorio y ha buscado la manera de separar un grupo humano de otro, y esto por una diversidad de motivos los cuales no es nuestro interés involúcranos en ello en este momento. Una vez surgieron los Estados las murallas se hicieron normas comunes a fin de defender ciudades antiguas. Para ejemplo recordemos que Roma tuvo su muro, la Muralla China es también un muro.

Y en estos momentos hay en el mundo hay 65 muros fronterizos levantados o en vías de construcción. Como dato importante observemos que a la caída del Muro de Berlín en 1989 sólo había en el mundo 16 muros fronterizos. ¿Qué ha pasado que se han incrementado en semejante proporción? Que las crisis que han surgido en muchas partes del mundo han obligado a los habitantes de esas zonas en crisis a emigrar a otras zonas como una forma de sobrevivencia. Pero estas migraciones han creado, o han incrementado, en los Estados receptores problemas que antes no tenían, y si lo tenía lo han incrementado. Y de la misma manera que una persona tiene el derecho y el deber de sobrevivir, cada Estado está en el derecho y el deber de proteger su integridad y garantizar niveles de vida óptimos de sus ciudadanos.

Hablar de Estado es hablar en sentido macro, pero veamos esto en micro. Imagínese un padre de familia que quiera ayudar a su vecino que está en crisis. Si sus condiciones económicas le permiten propiciar esta ayuda, debe ayudarle, es correcto que lo haga. La solidaridad es uno de los rasgos más nobles del ser humano. Pero resulta que el padre que quiere ayudar es pobre y sabe que sus condiciones no le permiten socorrer a su vecino. Con este cuadro yo les pregunto, ¿es correcto que ese padre de familia deje a sus propios hijos acostarse con hambre para darle de comer a los hijos del vecino? ¿Debe este mismo padre dejar de comprar medicina para su hijo enfermo para comprársela a un niño que no conoce? Las preguntas son rudas y crueles, pero son estos los criterios que se deben trasladar al Estado Dominicano al momento de tomar ciertas decisiones de carácter migratorio con el vecino Haití. Y es que aquí los dos vecinos somos pobres.

Se me antoja repetir hasta que todos lo entendamos que el primer deber de cada Estado es su sobrevivencia misma y luego es propiciar un mínimo de bienestar para sus ciudadanos y aquel que no tenga las necesidades básicas de sus ciudadanos cubiertas no puede pretender ayudar a otros Estado. Simplemente, no puede hacerlo. Nadie puede pedir, ni obligar, a un país a ayudar a su vecino si esto implica su propia ruina. Y esto es lo que la comunidad internacional está pidiendo, no, mejor dicho, exigiendo a República Dominicana que haga con Haití, que nos hagamos cargo de la miseria de ese fallido Estado.

Y tengamos algo presente. Cuando se trata de sobrevivir, de ejercer el sagrado derecho a la supervivencia, los gobernantes de un país no pueden dejar de tomar las decisiones pertinentes por miedo a las críticas o sanciones intencionales. Estos son nuestros problemas, nuestra realidad y nuestro derecho a enfrentarla como sea más beneficios para nosotros mismo. Al final, es lo que hacen todos los países del mundo. ¿Quieren un simple ejemplo, que quizás mucha gente no conoce? Se ha criticado hasta la saciedad la construcción de un muro en la frontera de Estados Unidos con México. Sin embargo, ¿sabían ustedes que hay planes de construir un muro en la frontera sur de México? ¿Sabían ustedes que Enrique Peña Nieto está acariciando la idea de un muro en la frontera con Guatemala? ¿Saben por qué? Porque no ha habido forma humana de reducir por allí el tráfico humano, la entrada de drogas y comercio ilícito de todo tipo, es decir, los mismos problemas que tenemos nosotros con Haití. México lo que estás buscando es simplemente proteger su integridad como Estado, y nadie puede criticarlo. Tomen nota de que sus vecinos del norte lo apoyan.

Ahora, aquí otro dato, por si acaso no lo conocían: Haití a principio del 2014 terminó de construir un pequeño muro en la frontera sur haitiana-dominicana. Este fue levantado el punto fronterizo de Belledere, frente al lado dominicano de la comunidad de Carrizal, en el municipio de Comendador, Elías Piña, para impedir el paso y obligar a las personas que pasen por el control de aduanas. Es decir, meses antes de que los dominicanos comenzáramos a discutir la viabilidad de éste, ya el pobre y vecino país había edificado uno de acuerdo a sus necesidades. ¿Es esto criticable? Claro que no. Y es que, señores, en tema de hacer respetar su autonomía como Estado, de hacer respetar su soberanía, los haitianos nos superan. Ellos hacen respetar más a Haití, que lo dominicanos hacemos respetar a República Dominicana.

Es pertinente que estemos claros en algo, nadie está pidiendo una expulsión masiva de los extranjeros haitianos del país. No, nada de eso. De hecho, debemos ser objetivos y reconocer que al punto en que están las cosas la economía dominicana no puede prescindir de la mano de obra haitiana. Pero lo que exigimos es una honesta regularización, no el show de mal gusto que Danilo Medina montó con su Plan Nacional de Regularización donde se dilapidaron de manera irresponsable más de RD$2,000 millones. Lo que exigimos es una auténtica regularización, un auténtico control y sobre todo un “tope” a la presencia haitiana en el país. Es lo que todos los países del mundo hacen con sus extranjeros.

Un muro en frontera domínico-haitiana no resolverá en un 100% el tráfico ilegal de todo tipo, humano, narcotráfico, armas, contrabando de ajo, contrabando de lo que sea, donde todo entra y sale “como por su casa”, pero sin duda alguna lo reduciría significativamente y es una de las inversiones más rentable que el Estado pueda hacer en años. Los beneficios no solo se contabilizan en ingresos de efectivo, los benéficos también es estiman en reducción de pérdidas. ¿Se imaginan lo que podemos ahorrarnos en gastos de Salud Pública si reducimos la presencia de indocumentados en un 50 ó 60%?

No podemos dejar que el chantaje de que somos racista continúe impidiendo que hagamos lo que tenemos que hacer como un país libre y soberano. A mí, que me llamen como quieran, racista, “come haitiano”, inhumano, no importa, yo sé lo que soy, soy un dominicano que siempre defenderá lo que es mejor para los dominicanos. Si nosotros no defendemos esta media isla que pertenece sólo a los dominicanos, ¿quién la defenderá?

Aquí no hay un tema de racismo de por medio, hay un tema de sobrevivencia. Lo penoso, y peligroso, es que pocos dominicanos parecen entenderlo y esperemos que cuando todos veamos la realidad no sea demasiado tarde

4 comentarios en “Muro Fronterizo en República Dominicana y el Alto Costo de No Construirlo

  1. REPUBLICA DOMINICANA HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS…MURO EN LA FRONTERA DOMINICO-HAITIANA-NECESIDAD NACIONAL…MURO FISICO-MURO AGROINDUSTRIAL TURISTICO-ZONAS FRANCAS…CINCO MODERNOS CONTROLES DE ADUANA Y MIGRACION…TRES BASES MILITARES-MODERNA AUTOPISTA NORTESUR-SURNORTE-DOS MEGA-PUERTOS Y DOS AEROPUERTOS INTERNACIONALES{PEDERNALES-MONTECISTY}…UNIVERSIDADES.LA FRONTERA MAS HUMANA DEL MUNDO.

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  2. Gran artículo!!! Cuánto me gustaría que muchos lo leyeran, pero tiene el problema de todos los escritores Dominicanos de artículos, y es que son demasiado largos, y por ende no llegan a la población, los pierden en la tercera estrofa.
    Mi sencilla opinión.

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  3. Sencillamente en este gran articulo no hay desperdicio, ojalà las autoridades lo lean. Ahì està plasmada nuestra gran realidad. El muro es una necesidad de la patria. Que no se nos haga tarde, creo que se esta haciendo.

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