Las autoridades tienen su atención en los motores y constantemente hacen referencia de su incidencia en la delincuencia, pero, ¿por qué no informan las estadísticas del porcentaje de delincuentes que hacen sus fechorías en motores y que han estado sometidos anteriormente a la justicia y fueron liberados por algún juez complaciente o por una mala instrumentación de su expediente? ¿Por qué, de la misma manera que nos suministran las estadísticas de motoristas delincuentes, también no nos dicen que porcentaje de delitos pudieron hacerse evitado si los delincuentes reincidentes no hubieran obtenido su libertad?

Si hay una asignatura pendiente de todos los gobiernos de las últimas cinco décadas en República Dominicana, es poner un freno al fenómeno de la delincuencia.

Según datos estadísticos que han sido divulgados en su momento por organismos competentes, el 80% de los hechos delincuenciales son realizados en motocicletas ocupadas por dos personas. Es un índice que evidencia la preferencia de este medio de transporte por parte de los malhechores, y las razones son obvias, ya que en éstas es más rápido un escape que en un vehículo de cuatro gomas.

En su interés de aportar ideas que pongan algún freno a estos actos, que evidentemente se le han salido de las manos a las autoridades, medios de prensa locales, periodistas, expertos en seguridad ciudadana y hacedores de opinión, han estado sugiriendo que la Dirección General de Tránsito Terrestre (DGTT), organismo encargado de las normativas del tránsito vehicular en el país, prohíba el uso de motocicletas por dos personas. De hecho, el pasado jueves 11 de agosto este organismo anunció que implementaría esta medida a partir del lunes siguiente. Sin embargo, antes de las 24 horas de anunciada la disposición, la misma fue desautorizada por el Palacio Nacional y su aplicación “está en un limbo”.

Es importante observar que la Ley 214 de Tránsito de Vehículos vigente tiene prohibido el uso por dos personas en motocicletas, a menos que no tengan ciertos aditamentos. En el artículo 135 de dicha normativa jurídica dice que “toda persona que conduzca una motocicleta en las vías públicas deberá conducirla solamente sentado en su asiento regular y no deberá transportar ninguna persona, ni deberá ninguna otra persona viajar en una motocicleta, a no ser en un coche lateral, o asiento trasero adicional complementado por agarraderas y estribos”. Es decir, que el uso de dos personas en una motocicleta, tal y como lo vemos comúnmente en nuestras vías de tránsito, está prohibido por ley, pero es una de las tantas leyes que tenemos que hace años dejaron de aplicarse, si es que alguna vez se aplicaron.

Independientemente de lo grave que sea el problema de la delincuencia, toda regulación encaminada a contrarrestarla debe ser medianamente aplicable. No tiene sentido alguno, salvo la intención de hacer culto a la ridiculez, dictar normas o leyes que en la práctica todos sabemos que no podrán ser. Es por eso que se dice que todo proyecto de ley debe tener un mínimo de aplicabilidad.

Cuando leí sobre la decisión de la DGTT inmediatamente pensé que parecería que el gobierno dominicano habría contratado los servicios de Donald Trump para que le redactara algún plan de seguridad ciudadana. Y es que esto se asemeja a la idea que este candidato presidencial está vendiendo a su electorado de deportar a 11 millones de indocumentados de los Estados Unidos. Esto es sencillamente impracticable, tan impracticable como prohibir en República Dominicana el uso de motocicletas por dos personas.

La Dirección General de Impuestos Internos (DGII) informa en su página web que al 31 de diciembre del 2015 en República Dominicana habían registradas 1,946,594 motocicletas, esto es un 53,9% del parque vehicular dominicano. Este número no hace más que confirmar lo que todos tenemos por un hecho: la motocicleta es el medio de transporte por excelencia de las familias de clase media baja y de escasos recursos del país. Es en motocicletas que cada mañana el esposo lleva a la esposa al su lugar de trabajo, a los hijos a sus centros de estudios.

Sabemos que en la medida que la DGTT intentó establecer había una indicación de que las motocicletas dedicadas al motoconcho estaban exoneradas de tal regulación, e igualmente que aquel propietario que quisiera tener el “derecho” a transportar dos personas debían solicitar un permiso para tales fines. Esto sugiere que si esta normativa hubiera entrado en vigencia, tal y como muchos continúan sugiriendo, y usted fuere propietario de una motocicleta, para poder transportar a su esposa, hijo, amigo, novia o a quien usted quiera, hubiera tenido que solicitar un permiso especial para tales fines a la DGTT. ¿Alguien cree que en la República Dominicana de hoy esto es medianamente posible? Estamos hablando, señores, en un país donde unas autoridades no pueden controlar la gran cantidad de motores que se desplazan sin placas, no han sido capaces ni siquiera de conseguir que los motoristas usen sus cascos protectores. En Santo Domingo y Santiago su uso es casi generalizado, pero no así en las demás zonas del país, donde generalmente no lo utilizan. ¿Podemos creer, pues, que esas autoridades serán capaces de hacer efectiva una normativa que prohíba dos personas en un motor?

Pero, vamos a suponer que la reglamentación entra en vigencia y se inicia el registro masivo de motocicletas para dos personas, ¿cómo los agentes que están apostados en las calles van a identificar que el motor que pasó por su lado con dos personas tiene o no ese permiso? ¿Lo detendrían para que se lo presente? Si el motorista se encuentra con cuatro agentes en el trayecto a su trabajo, ¿será detenido igual número de veces para verificar su situación? ¿Haremos una placa especial para estos motores y haremos efectivo su utilización?

Con los actos delincuenciales y los motores hay un pequeño detalle. Algunos motoristas usan unos cascos protectores que le cubren toda la cabeza, es decir, que es imposible ver su rostro. De hecho, muchos ciudadanos que han sido asaltados en nuestras calles, en sus relatos han dicho que no pudieron ver la cara del asaltante porque llevaba un casco protector. ¿Piensa las autoridades prohibir el uso de estos cascos que no permiten ver el rostro de quien lo lleva?

En esta ocasión las autoridades tienen su atención en los motores y constantemente hacen referencia de su incidencia en la delincuencia, pero, ¿por qué no informan las estadísticas del porcentaje de delincuentes que hacen sus fechorías en motores y que han estado sometidos anteriormente a la justicia y fueron liberados por algún juez complaciente o por una mala instrumentación de su expediente? ¿Por qué, de la misma manera que nos suministran las estadísticas de motoristas delincuentes, también no nos dicen que porcentaje de delitos pudieron hacerse evitado si los delincuentes reincidentes no hubieran obtenido su libertad? ¿Por qué no nos indican que porcentaje de los asaltos de dos en motores son realizados por miembros activos o retirados del Ejército Dominicano o de la Policía Nacional que tienen en su poder las armas con las que se hacen los actos delincuenciales? ¿Por qué las autoridades no reconocen que uno de los principales problemas es que más de la mitad de motocicletas no tiene registro alguno en al DGII, es decir, no tienen matriculas, no tienen placas?

Es evidente que con la delincuencia debemos buscar medidas para frenarla, pero estas medidas no deben ser implementadas en detrimento del libre tránsito millones de dominicanos que salen cada día de sus hogares montados en una motocicleta a cumplir son sus responsabilidades y buscar el sustento de sus familias. Igualmente debemos tener presente que de esta normativa hacerse efectiva incrementaría los gastos de transporte de las familias que tiene como único medio de transporte un motor, porque ya no sólo tendrían que gastar en el combustible, sino que también en pasajes de transporte público.

Es muy fácil comenzar con los que menos pueden y obligarlos a pagar las ineptitudes y complicidades de nuestras autoridades en la delincuencia que arropa y enlútese el país, y esto va en crecimiento. Pero buscando la “fiebre en la sábana” y procurando medidas absurdas y díscolas no vamos a conseguir solución alguna.

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