Francisco Domínguez Brito y sus circunstancias

Francisco Domínguez Brito y sus circunstancias
En los medios de comunicación del país aparecen diariamente noticas que cuentan de la grave deforestación en que se encuentran nuestras cordilleras, publicaban fotografías donde se muestran camiones cargados de madera así como los estragos que producen la extracción de arena en las riveras de numerosos de nuestros ríos, denuncian las constantes práctica de siembras ilegales en zonas donde éstas se asumen como prohibidas, en fin, los delincuentes ambientales han estado por años depredando el suelo dominicano ante la pasiva y cómplice mirada de las autoridades.

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Danilo Medina y su sorpresivo interés medioambiental

Danilo Medina y su sorpresivo interés medioambiental
Pero ahora, tal y como el presidente hubiera despertado de un largo sueño, nos ha regalado a los dominicanos la grata sorpresa que ha decidido convertirse en un defensor de los recursos naturales del Estado, y los medios de prensa del Palacio Nacional no han desaprovechado la oportunidad para publicar en las redes sociales esperanzadoras frases de su jefe, acompañadas de hermosas fotografías.

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“…entonces, sí, yo soy racista”.

“…entonces, sí, yo soy racista”.
Mucho antes de la formación de los Estados, ya las comunidades defendían con uñas y dientes sus territorios. Pero los dominicanos no estamos defendiendo el nuestro, antes que esto estamos permitiendo y fomentando el ingreso masivo de nuestros vecinos. Percibo que a la mayoría no les importa que su país, su región, sus pueblos, sus calles y sus vecindarios se copen de extranjeros con los cuales tienen pocos vínculos culturales, con normas de vida muy distintas a las nuestras, que tienen como religión unas prácticas que son inadmisibles con nuestras costumbres católicas y cristianas.

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La prohibición de “dos en un motor” y el eterno afán de las autoridades dominicanas en “buscar la fiebre en la sábana”

La prohibición de “dos en un motor” y el eterno afán de las autoridades dominicanas en “buscar la fiebre en la sábana”
Las autoridades tienen su atención en los motores y constantemente hacen referencia de su incidencia en la delincuencia, pero, ¿por qué no informan las estadísticas del porcentaje de delincuentes que hacen sus fechorías en motores y que han estado sometidos anteriormente a la justicia y fueron liberados por algún juez complaciente o por una mala instrumentación de su expediente? ¿Por qué, de la misma manera que nos suministran las estadísticas de motoristas delincuentes, también no nos dicen que porcentaje de delitos pudieron hacerse evitado si los delincuentes reincidentes no hubieran obtenido su libertad?

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Luis Pie y mis sospechas de que es más haitiano que Dessalines

Luis Pie y mis sospechas de que es más haitiano que Dessalines
En verdad yo creo que Luis Pie es más haitiano que Jean-Jacques Dessalines. Pero lo que yo crea no es lo realmente importante aquí, sino que se aclaren las razonables dudas que muchos dominicanos tienen sobre esto, aunque pocos se atrevan a expresarlas por temor a que lo llamen racista. A mí, me llamen lo que quieran, yo sólo defiendo nuestra dominicanidad y no me siento cómodo con que haitianos estén representando mi país en escenarios internacionales. Esto sería lo último que nos faltaba.

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Miguel Vargas, el canciller más burdo y tosco de la Historia

Miguel Vargas, el canciller más burdo y tosco de la Historia
No creo que nadie se anime, en su sano juicio, a discutir que el perfil de Vargas no es apto, nada en lo absoluto, para la posición Ministro de Relaciones Exteriores. De hecho, no creo que nunca antes los dominicanos hemos sido representado por un canciller tan burdo y tosco como Miguel Vargas Maldonado. Esto sí que es un verdadero logro de Danilo.

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La Necesidad de Impartir Formación Política en Nuestras Escuelas

La Necesidad de Impartir Formación Política en Nuestras Escuelas
“La persona que desea que la dejen en paz y no tener que preocuparse de la política acaba siendo el aliado inconsciente de quienes consideran que la política es un espinoso obstáculo para sus sacrosantas intenciones de no dejar a nadie en paz.”
Bernard Crick

 Un grupo de intelectuales, artistas, periodistas y activistas políticos han publicado la primera semana del mes de agosto en algunos medios de prensa un breve manifiesto donde llaman a la ciudadanía a defender la democracia de República Dominicana, la cual, según ellos, está seriamente amenazada por las prácticas, ya comunes, del partido gobernante. Realmente, más que un manifiesto de “llamado a defender la democracia”, el documento es una carta pública de críticas al gobernante partido, al cual acusan de ser el principal responsable de la crisis democrática e institucional que vive en país en estos días.

Pero, ¿es realmente el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y sus principales dirigentes los principales responsables del actual estado de cosas que impera en la nación? Es innegable que este partido se arroga una importante cuota de responsabilidad de esto, pero no es el único, ya que aquí todos somos responsables por “el punto donde nos encontramos”, a saber, los políticos en el poder y fuera de él, así como los votantes.

La razón es tan simple como el agua, y es que los dominicanos somos excesivamente permisivos con sus políticos, estén en el poder o no. Y esta permisividad está dada en función de la apatía de la mayoría de la población en temas de carácter político. Es sólo una pequeña porción de ésta que se interesa por participar en la política, y no me refiero a aquellos que compiten por cargos electivos o desean formar parte de la administración del Estado. Nada de eso. Me refiero que son pocos los dominicanos que ven el comportamiento de las autoridades estatales con sentido crítico, que les exigen rendición de cuentas y que opinan o protestan en la medida de sus circunstancias.

Parecería una paradoja, pero no lo es, que sin ser los más jóvenes aquellos que tienen el control de la cosa pública, sean ellos los que han propiciado los cambios sociales más significativos a lo largo de la Historia. Los motivos para este fenómeno pueden ser múltiples. Podríamos argumentar que por lo general son la mayoría de la población, que tienen más determinación que sus mayores o que gritan más alto. En fin, los motivos de este fenómeno pueden ser tan diferentes como lo es cada caso en particular. Pero lo que es una constante es que la presión que los reclamos masivos de una ciudadanía pueden ejercer sobre los grupos gobernantes hacen cambiar el curso de la Historia misma, y han sido por lo general lo más jóvenes aquellos que han ejercido más presión.

Pero nada es estático, todo cambia, y si siempre dijimos que una de las características de los jóvenes de pasadas generaciones es que querían cambiar el mundo y participar de ese cambio, el joven de hoy sólo quiere disfrutar ese mundo. Es una terrible mezcla de hedonismo y egoísmo generalizado lo que estamos presenciando. Naturalmente, la juventud dominicana no escapa a esta transformación, y es este nuevo perfil uno de los motivos de esa apatía por la política. Es por esto que nuestros muchachos prefieren dedicarse a disfrutar de los ídolos de estos tiempos, tales como Mozart “La Para”, Don Miguelo, a fumar con una hookah y a “cazar pokémones”.

Modificar las conductas sociales no es imposible, pero es un proceso que sólo se consigue a través de los años y si queremos que en el futuro la mayoría de los dominicanos nos comportemos de una forma más cívica, tenemos que empezar a formar a nuestros jóvenes desde las aulas de sus estudios secundarios en temas referentes al manejo del Estado. Por esto entiendo que en el currículo de la educación secundaria debería incluirse la materia de Formación Política, tal como enseñamos español, matemáticas, físicas y otras materias.

Aclaremos esto. Lo que veo como necesario no es que en nuestras escuelas se formen personas que mañana quieran ser regidores de sus circunscripciones y presidente la república. No, nada de eso. Lo que entiendo es que se debe incluir en el Plan de Estudios Secundarios una materia que forme a nuestros adolescentes en temas de las funciones básicas del Estado, que se estudie y se inculque el respeto a la Constitución de la República, que se infunda en estos jóvenes la importancia de que cada uno de nosotros, los dominicanos, seamos menos individuos y más ciudadanos, que se instruya para que dejemos de pedir a nuestros gobernantes como favor aquello que nos corresponde como un derecho, que no permitamos que se nos vulneran ningunos de nuestros derechos y, sobre todo, que aprendamos a pedirles rendiciones claras de cuentas, que entendamos que esas autoridades que elegimos cada cuatro años son servidores públicos asalariados, que desde el presidente de la república hasta cada uno de los regidores son nuestros empleados. A esto es lo que debemos aspirar de una formación política en nuestras escuelas.

Con esta formación se buscaría superar el tópico de que a los jóvenes no les interesa la política y, además, se les dotaría de una adecuada formación en este ámbito. De paso, las instituciones educativas asumen su responsabilidad en la formación de ciudadanos en el desarrollo de valores y actitudes democráticas. De hecho, algunos teóricos argumentan que la apatía por la política es, entre otras cosas, un reflejo de lagunas en la formación académica, lagunas éstas que deben ser salvadas.

No perdamos de vista que el desinterés de una sociedad por la política es un indicio del desinterés del ciudadano individual por los elementos propios de la democracia tales como las libertades individuales y el velar por la igualdad de cada persona ante el Estado. Como dijo Bernard Crick (economista británico) “la persona que desea que la dejen en paz y no tener que preocuparse de la política acaba siendo el aliado inconsciente de quienes consideran que la política es un espinoso obstáculo para sus sacrosantas intenciones de no dejar nada en paz”.

Y la actitud de los dominicanos de permitir que le vulneran sus derechos sin protestar, asumiéndolo esto tal una norma, lo vemos no sólo en temas que tienen que ver con el manejo del Estado, sino en nuestro diario vivir. Es por esta costumbre de comportarnos como “pendejos” que no emitimos queja alguna cuando estamos en un supermercado y en la góndola vemos un producto marcado a un precio y resulta que en la caja nos cobran más por él, tampoco nos quejamos cuando la cajera nos entrega algún caramelo por el dinero que nos debe devolver porque en no tienen “dinero menudo”, es cuando vivimos en un condominio y un vecino cualquiera decide hacer una anexo a su apartamento o decide poner un colmadón y todo el edificio se queda callado, es cuando los colegios privados incrementan indiscriminadamente sus cuotas mensuales de manera unilateral cuando la ley indica que este aumento puede ser objetado por la junta de padres de esa institución educativa (¿tenían ustedes conocimiento de esta normativa?). Así es que somos la mayoría de los dominicanos.

Si queremos las futuras generaciones vivan en una República Dominicana mejor, donde su Constitución no “sea un pedazo de papel”, donde reine un verdadero Estado de Derecho, tenemos que comenzar a construirla ya. No olvidemos que “el futuro se crea hoy”.

 

“La Regla de Oro” de la Municipalidad… ¿o “El Arreglo de Oro”?

“La Regla de Oro” de la Municipalidad… ¿o “El Arreglo de Oro”?
Propiciar que el consejo de regidores “le facilite las cosas al alcalde” contradice la razón de ser del consejo mismo, que no es ni facilitar, ni complicar, sino fiscalizar. De manera que si los concejales buscan la manera de aligerar el trabajo de sus alcaldes no estaríamos ante “una regla de oro”, sino ante “un arreglo de oro”.

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Muro Fronterizo en República Dominicana y el Alto Costo de No Construirlo

Muro Fronterizo en República Dominicana y el Alto Costo de No Construirlo
Este pasado viernes 29 de julio leí en una primera plana de un importante diario dominicano una nota de las declaraciones del ministro de Defensa de República Dominicana, el teniente general Máximo William Muñoz Delgado, donde aseguraba que los militares apostados en la zona fronteriza “habían controlado una avalancha de haitianos indocumentados que venía hacia territorio dominicano”. No creo que haga falta decir que esto es un mal chiste de parte de este ministro. Suerte para él que se hizo militar, porque como comediante estuviera pasando hambre.

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